Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuentes Melián
Se cumplen hoy 31 años del Alzamiento (perdón, del intento de golpe de estado, ¡en qué estaría yo pensando!) del 23 de febrero de 1981. Una versión muy ‘sui generis’, emanada de la caverna derechosa, dice ahora que Felipe González y Alfonso Guerra conocían y habían tenido con anterioridad a aquella fatídica fecha del 23F, reuniones con la cúpula militar, para formar un gobierno de coalición con jefatura militar, pero pespunteado por personajes políticos civiles, incluso del PSOE. Tal como si fuera una especie, similar en los planteamientos ocultos, pero muy contraria en los argumentos políticos, al célebre ‘Contubernio de Múnich’ (1962), en el que un joven Felipe, con veinte escasos añitos, ya pertenecía a las Juventudes Socialistas, al igual que el ínclito Alfonso Guerra. Años más tarde (1974), en Suresnes (Francia), Felipe, con el apoyo fiel de Alfonso, se alzó líder secretario general de un partido renovado pero aún clandestino.
Durante esos años, con Franco vivito y coleando, las huestes socialistas elucubraban en la clandestinidad con aflorar un golpe pacífico para meterse en la labor de instaurar una democracia posfranquista. Los triunfos posteriores de Felipe y de su segundo Alfonso Guerra, ya son de sobra conocidos.
En fin, que hoy, 23 de febrero del año 2012, Felipe, al borde de los 70 tacos, nada en la abundancia de los mares del sur y oriente, por esos mundos de Dios, con yates de considerable calado, eslora y manga. Mientras que Alfonso Guerra ya no hace la ídem, sino en esporádicas y muy espaciadas guerrillas verbales, cuando asoma a los medios su carisma abundantemente dentado, para pronunciar verdades de Perogrullo que, con su voz de tonadilla sevillana y olé, parecen trascendentales mensajes que entre sus acólitos merecen veneración, tal como si quisiera suplantar a la Virgen Macarena.
Bendito sea Dios, que baje Dios y lo vea, y que cuando llegue, nos coja a todos confesados.