Periódico digital del Norte de Tenerife
Celestino González Herreros
A veces, sin habérnoslo propuesto, mirando al mar, parece que buscáramos en la inmensidad de las distancias algún ideal, una amada visión que se moviera sin dejar fina estela espumosa que nos indique el ansiado camino que nos lleve hasta ella, para estar a su lado, pero el tiempo así no lo quiere. Físicamente nunca le alcanzamos, por muy constantes que sean nuestros intentos. Sólo podemos rebasarle en nuestros sueños, oír su voz y sentir el calor de su cuerpo entre nuestros brazos, cuando nos dicen cuanto nos quieren… Sueños que alimentamos con la misma ilusión con que en verdad los vivimos, ¡y tememos despertar!, nos sentirnos atrapados en esos cálidos sueños rotos y difícilmente reparables. Se apaga su dulce voz y el silencio lo nubla todo a nuestro alrededor.