Periódico digital del Norte de Tenerife
En el desierto de mis escarchados pensares
Visualice de muy cerca tus ojos
Que bajo el influjo de la pasión contenida
por la distancia de la piel
Se encontraron sublimemente debajo de
sabanas blancas que reflejaban tenuemente
los fluidos expirados como el rocío del amanecer.
Así con esa complicidad de una mirada de una
caricia, de un beso, justo antes de desaparecer.
Cerré los ojos prolongando la sensación
de la despedida que inclemente;
Llegaba cínica, agotada, porque aunque
ya no estés te sigo percibiendo en tu olor.
La profundidad con que me hablabas y susurrando
dejas en mis oídos la más hermosa promesa de volver¡¡¡