Periódico digital del Norte de Tenerife
Nuestra amiga y colaboradora, es la autora del libro: "DIÁLOGO CON MI CORAZÓN", disponible en Amazon; quien reside en Miami y que escribe para el "SEMANARIO VISTA SEMANAL DE NAPLES".
Dania Ferro
Despertó a las siete de la mañana y salió a comprarle sus pasteles predilectos; rentó mesas y sillas que colocó en su patio debajo de una gran carpa; le pagó a un DJ para que animara el festejo, invitó a sus amigos… Le escribió más de cien veces “Te amo” en dos postales que adornó con sus propias manos y que nada tenían que envidiarles a esas otras que venden en sitios especializados en tarjetas de felicitaciones. Incluyó todo un derroche de detalles: un reloj, su perfume favorito, una billetera, un sobretodo de cuero.
Gastó sus pocos ahorros para impresionarlo; deseaba complacerlo, demostrarle lo importante que era poder compartir con él una ocasión como esa, “el acontecimiento de su nacimiento”. Quería hacer de su cumpleaños un día verdaderamente especial y memorable.
Estuvo marcándole a su celular desde la siete de la mañana hasta las nueve de la noche, fueron más de quince llamadas —sin exagerar— una llamada por hora, pero él nunca llegó para partir la torta, ni para apagar las velitas, ni para hacerse las fotos del recuerdo, ni para disfrutar de la comida que tanto se había esforzado en prepararle. Se quedaron las mesas con los manteles sin usar; nadie se sentó en las sillas. Sus amigos se despidieron apenados, sus hermanos se fueron a dormir temprano.
Sandra estaba preocupada, llegó a pensar que algo extraño le había ocurrido, quizás un accidente, un secuestro, iba a llamar a la policía cuando él la llamó.
— Hola mi amor, ¿cómo estás?, dijo en un tono normal, como si nada estuviera sucediendo, como si no advirtiera que eran pasadas las 11 de la noche y él había estado ausente todo el día de su cumpleaños sin responder a sus llamadas, ni presentarse a la fiesta que ella había organizado.
— ¡Feliz cumpleaños Manuel! Me siento excesivamente triste…
— ¡Lo siento! Pero ha venido a visitarme desde Orlando, Oscar, un gran amigo de la infancia, al que hacía mucho tiempo no veía y hemos pasado el día juntos. Ahora salimos un rato, estamos conversando un poco, de lo que ha acontecido en nuestras vidas…
— ¿Y por qué no me lo presentas? Entonces, ¿no vamos a vernos hoy?, preguntó Sandra entendiendo cada vez menos.
— Mejor nos vemos mañana. Te aburrirías demasiado con nosotros. Estamos hablando cosas de hombres.
— Bueno, está bien, disfruta con tu amigo tranquilo que yo me quedaré a dormir hoy aquí, en casa de mis padres, dijo fingiendo un comprensivo sosiego.
¿Quién era ese tal Oscar del cual su esposo nunca le había contado nada? Su nombre no había salido a relucir en ninguna de todas las anécdotas juveniles que él habituaba contar, nunca lo había enumerado entre sus mejores amigos, no había mencionado nada de su vida. Algo bastante raro estaba aconteciendo; y ella estaba dispuesta a averiguarlo.
Conducía de prisa sin percatarse que había descuidado la obligación de encender las luces, hasta que alguien le advirtió haciéndole todo tipo de señas para que se diera cuenta de su negligencia... Iba acompañaba de su mamá, quien se negó a permitir que saliera sola a aquellas horas.
Entraron en todos los bares, restaurantes y discotecas cercanas que él frecuentaba, pero ni él ni su supuesto amigo aparecieron por todo aquello.
— Es tarde. Debió haberse ido ya a casa. ¡Vamos! Le sugirió su madre, en tono suave pero visiblemente afligida como si tuviera un espeluznante presentimiento…
No esperaba encontrar las luces de afuera encendidas, pues apagarlas formaba parte de una repetida y muy disciplinada rutina de su esposo antes de irse a dormir. Pero para su sorpresa, no solo todas las luces estaban encendidas; sino que no encontraba dónde estacionar su auto porque su casa estaba rodeada de muchos otros. Una música sumamente alta daba la idea de una gran celebración. Sandra no podía creer que todo aquello estuviera pasando en su propio hogar, sin su consentimiento. ¿Quiénes eran aquellas personas? ¿Quién las había invitado?
No tocó a la puerta, tampoco la abrió con su llave. Caminó hasta el fondo justo donde quedaba la terraza y allí pudo observar a Manuel en la cocina muy sonriente, conversando con una chica que lo ayudaba a servir la mesa. Un bizcocho enorme hacía de centro de mesa, donde se podían leer las letras rojas desbordadas por la chocolatina: ¡Feliz cumpleaños Manuel!
A Sandra se le salieron las lágrimas. Entró como una loca por la puerta trasera directo a la sala, quería despedazar todas las fotografías en las que apareciera posando junto a semejante desvergonzado, pero otra vez la sorprendió el desconcierto: él se había adelantado y había guardando todos los cuadros, de modo que su papel de soltero y dueño exclusivo de casa no se malograra.
— Mi amor ¡Qué sorpresa! Se atrevió a decirle descaradamente.
— ¿Qué hace todo este repertorio de gente aquí? Preguntó a gritos. Sandra caminó desmoralizada hasta la puerta y con una mano extendida vociferó: Se me largan ahora mismo todos, porque si la dueña de la casa no fue invitada, este guateque ya se terminó.
Nadie se movió, nadie pareció prestarle verdadero interés a sus palabras y continuaron charlando, bebiendo y comiendo, y hasta hubo quien no pudo contener la risa ante tan ridícula escena.
— ¿Quieren más espectáculo, más diversión? ¡Pues la tendrán! dijo tan alto hasta donde alcanzó su garganta.
Su apariencia de repente cobraba un aspecto esquizofrénico y emprendió violentamente sacudiendo el mantel de la mesa con torta y demás. Derramó toda la comida, rompió contra el suelo las copas de vino. Los que antes no tomaron en serio la situación, ahora salían corriendo, espantados.
Le abofeteó la cara a Manuel desequilibradamente, lo zarandeo con su poca fuerza, lo golpeó al tiempo que lloraba y le reclamaba y le gritaba todo tipo de insultos como una demente.
Él esquivaba los golpes, se defendía en ocasiones, pero no intentó justificarse, no se atrevió a responder preguntas, a dar explicaciones, hizo sus maletas y se fue…
Esa fue la última vez que lo vio, hasta el día que se encontraron en la corte, donde ella debía comparecer para responder a una acusación de él de violencia doméstica…Continuará...