Periódico digital del Norte de Tenerife
AQUELLOS BUENOS TOCADORES, LAS CANTADORAS Y LOS BAILES DE SALÓN
E. Domínguez y José Peraza
Los Realejos fue tierra de buenos tocadores y de mujeres que bien sabían cantar. En esta ocasión, nos vamos a referir ha algunas de las fiestas de Tigaiga, donde más acudían aquellos buenos tocadores, y que han ido quedando en el olvido. Lo mismo digo de tan buenas mujeres que animaban los bailes de salón con sus peculiares coplas y que en cierta manera, animaban las tertulias festivas.
Decía don Juan el “sajori” que con motivo de las fiestas patronales de Tigaiga, eran muchas las parrandas que en distintos salones animaban a todos aquellos forasteros que a este lugar llegaban. Unos atraídos por gincarce un buen vaso de vino, y otros por participar de alguna manera en aquellos bailes que duraban hasta el amanecer, y mientras el cuerpo aguantaba.
Don Juan nos relata aquellas viejas costumbres como eran los ventorrillos que por esos lugares próximos a la ermita, se preparaban con tablas, hojas de palma y blancas sábanas. Allí acudían al olor de la carne en adobo de cochino tanto los forasteros como los vecinos del barrio, y al socaire de las coplas junto al fino delirio de las parrandas, parecía que la noche se acababa de un soplo.
La armonía se prolongaba hasta bien llegada la mañana, y algunas mujeres acudían en busca de sus maridos, ya que durante la noche no llegarían a sus domicilios entusiasmados por aquellas animadas parrandas que con tanta armonía, ponían la nota festiva y el mas vivo ambiente callejero.
Juan comenta que los ventorrillos con dirección a la Fuente no eran uno ni dos, sino todos los que en aquella vieja vereda se podían colocar, camino este que nos acercaba a la finca del Cuchillo, y en los alrededores de la plazoleta de tierra, donde se celebraban las populares verbenas. Todas ellas, bien concurridas de gentes que llegaban de otros lugares, como de San Agustín, san Vicente el Realejo Bajo, La Carrera etc. Pero también buenos tocadores que daban lugar a poder celebrar los afamados bailes de salón, muy populares en esos años. Allí la voz de la mujer campesina tigaiguera, de sus malagueñas y folias, animaba aquellas tardes hasta bien llagada la madrugada.
Era una vez al año -dice Juan- y había que aprovechar aquellos momentos de concurrencia para de alguna manera olvidarse de los quehaceres cotidianos del día a día; de la cementera y del ganado
Buenas cantadoras tenía Tigaiga en aquellos años 30 o quizás antes.
Nombres que destacaban, ya no sólo con sus armoniosas voces, sino también en la danza de las cintas, acto característico el Lunes de Tigaiga, después de terminada la misa de los proveedores y que paulatinamente, se fue olvidando, razón por la que aquellas mujeres a las que ya el peso de los años, caía sobre sus espaldas, mientras las piernas se dejaban sentir, fueron dejando esta singular tradición hasta que ya en los años setenta, se disolviera definitivamente. Tampoco las generaciones posteriores intentaron conservarla, y del mismo modo, concluyeron los afamados bailes de salón en tantos hogares que por aquellos días de las fiestas congregaban a muchos forasteros cuando aún las orquestas no se habían constituido.
Uno de los grandes protagonistas de la danza de las cintas, lo fue don Pepe “el cojo” mayordomo de la ermita de Tigaiga por espacio de unos setenta años. Luego le sustituyó el popular don Vicente Pérez Hernández, quien estuvo en el puesto, 64 años, más conocido como don Vicente “el de la era”. Todos dejaron sus testimonios. Unos agradables y otros no tanto, pero en el sentir de la concurrencia, parece no olvidarse de aquellas famosas novenas a la Virgen, que no eran siete como sus cuarteles, sino tantas como la buena piedad de los vecinos querían o podían realizar.
Pero volviendo a los viejos ventorrillos, hay muchas versiones de nuestros mayores. Una de ellas era que aquel que entraba a la plaza, no se podía ir de ella, hasta que saliera el sol y se produjera el antiguo repique de la campana, que anunciaba el inicio de los festejos. Así lo cuenta don Juan, aunque él dice que era un niño, pero que el testimonio lo recoge de sus abuelos.
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Este año, ya se anuncia algo de “Flojera” en la comisión. Ojala sea pasajera y la tradición continúe. De todas maneras, no echemos las campanas al vuelo antes de tiempo, que de aquí a septiembre la cosa puede mejorar.