Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuentes Melián
A los auténticos amantes de la Naturaleza
Dos epifenómenos poco frecuentes nos ofreció ‘Madre Natura’ a lo largo del pasado 15 de mayo de 2012, día de San Isidro Labrador.
1.- Muy de mañana, desde la salida del Puerto de la Cruz hasta la plaza de La Paz o del Calvario de La Orotava, que se halla junto a la ermita de este Santo Patrono del Campo y de los Labradores, y también Patrono de la muy noble y leal Villa (frente por frente con la residencia familiar del actual sempiterno alcalde villero), había, a lo largo y ancho de este terreno comarcal, una nube pegada al suelo, bruma que en esta vertiente norte tinerfeña llamamos panza de burro, y que muy de tarde en tarde – quizá una vez cada cinco o más años— baja, desciende desde Aguamansa y del Monteverde y se instala ahí. Desde las azoteas de la Villa Arriba, en un momento dado, llegó a verse la ermita situada en la cúspide de La Montañeta realejera, rodeada de un mar de nubes asentado en las faldas de la misma montaña.
¡Milagro!
Y 2.- Hacia las 10 de la noche del mismo día 15, en la autopista del Norte, la nube seguía esquiva y fuera de lugar, la panza de burro estaba instalada en el tramo Sauzal-Matanza, pero no a ras de asfalto (vulgo piche), sino formando como un techo protector de algodón a escasa altura sobre los coches que transitaban por la autovía.
¡Maravilla!
Espectador