Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuentes Melián
En cancha todavía de tierra, en el estadio Heliodoro Rguez. López, jugó un amistoso Basora, el lunes 10 de diciembre de 1951. La UD Las Palmas ya había subido a Primera, y los grandes, en esa temporada 1951-52, pasaron todos luego por la cancha del Tenerife en amistoso. El resultado fue de 5-3 a favor del Tenerife. Los del Barça se dejaron, en cierta manera, ganar, aflojaron el ritmo después del partido de Liga de Primera que habían jugado el día anterior en el Estadio Insular de Las Palmas. Incide la crónica de la prensa local, en Estanislao Basora que “tantos triunfos nos ha dado en las lizas internacionales”. Lo más importante, el Mundial de Brasil 50, donde empatamos con el campeón, sorpresivo Uruguay, por 2-2, y quedamos cuartos. El cronista de aquí (no lleva firma personal, sino de la Agenda Alfil) escribe todavía ‘goal’ en vez de gol, por influencia del inglés, idioma del país inventor de este eterno opio del pueblo…
Entonces tenía yo doce añitos cumplidos. Y estuve en el estadio de Santa Cruz gracias a pertenecer al cuadro de honor de los Salesianos de La Orotava, que entramos gratis con los de FP de las Escuelas Salesianas de la capital, sitas a la orilla del Puente Galcerán.
Yo no sabía que Basora vivía actualmente en Las Palmas, ya octogenario. Lo cierto es que yo era del Barça desde que tuve uso de razón futbolera, allá por 1948. Eran también barçistas, mis amigos Juannolo, Perico y Augusto, que llevaban sendas insignias en la solapa, la de Perico más chiquita de lo normal, una singular virguería (nunca supimos dónde la había conseguido) y la de Augusto más grande. Por supuesto que no había tele, y las primeras noticias de los resultados las oíamos en el ‘Parte’ de Radio Nacional de España, a golpe de corneta, a las 9 de la noche, por un aparato de radio del kiosco de la plaza más concurrida de La Villa.
Por entonces, me autonombré Basora para jugar los partidillos de ocasión entre los amigos y vecinos del barrio orotavense de la Villa Arriba, pero yo era tan malo que algún gracioso del equipo contrario me apodó ‘basura’. Maldita la gracia.