Periódico digital del Norte de Tenerife
Celestino González Herreros
Es realmente compensatorio disfrutar de un cielo como el nuestro, ese azul tan nítido que despierta las más gratas sensaciones, nuestro espíritu parece que se renovara súbitamente, desde que ponemos los pies en la calle. El aire que respiramos nos llena de energías positivas… El carácter de las personas cambia y los gestos, por consiguiente, se tornan más aceptables. Existe en el ambiente de nuestra cosmopolita ciudad la magia de la solidaridad, el entendimiento, las ganas de charlar con la gente, el sano deseo de ver amigos y estar con ellos aunque sea sólo unos instantes. A veces hasta nos sentimos tan optimistas que actuamos como si fuéramos extranjeros y por ello les imitamos en lo posible, enriqueciendo así, inevitablemente, nuestro acerbo cultural con esas nuevas corrientes, ¿qué duda cabe? Nuestros visitantes quisieran quedarse aquí por mucho más tiempo y a veces para siempre. Les gusta convivir con nosotros y si no se quedan más es por la falta del dominio de nuestro idioma; hacen todo lo posible por que les entendamos. Si no, se manifiestan con el semblante, adivinando que están contentos, que si fuera posible hasta íbamos a ser amigos y hablaríamos de muchas cosas, de sus experiencias, modos y costumbres, de cosas que ignoramos y respecto a nosotros ellos también se las pierden. Por eso, la importancia de estudiar idiomas, es una de las facetas del hombre más hermosa, con lo que se aprende a convivir más y aprender de los demás. Pero la falta del conocimiento de otras lenguas nos lo impide, no ser más capaces. Sólo queda como alternancia el gesto noble de los sentimientos, la sonrisa…
Ayer estuve hablando con un buen amigo de la Villa de la Orotava y me comentó que el Puerto de la Cruz es único… Me informó que vive entre nosotros, en la ciudad turística, hace cuatro años, que se compró (me imagino que sin hipoteca) su vivienda, etc. ¡Con qué entusiasmo hablaba del Puerto y su gente!, ranillera y sin ser ranilleros, por su puesto. Es aficionado a la pesca. Ya pueden imaginarse si tiene o no razones para sentirse feliz. Ello confirma mis comentarios respecto a nuestro bello enclave.
A mí, personalmente, me inquieta, me preocupa que no sepamos cuidar este privilegio que nos otorgó la Naturaleza. Sería muy lamentable negarle tanto bien a los nuestros y a los afortunados visitantes que hayan elegido como destino turístico nuestro entorno y Puerto de la Cruz, tantos factores naturales que nos avalan, como viene a ser, nuestro cielo, nuestro clima, nuestro mar, nuestra idiosincrasia y el calor solidario de nuestra gente hacia los demás, nuestro prójimo y los distinguidos visitantes. Estamos abiertos al mar, al cielo y generosos siempre y abiertos al resto de los pueblos del mundo entero.
Nuestras respetables autoridades, nuestros celosos políticos y todo el ente administrativo que rige actualmente nuestros destinos económicos y sociales, debieran tener todo esto en cuenta. Desde luego sé que es una misión nada fácil y que se necesita mucha dedicación, mejor digamos, dedicación completa; y sin embargo no les iba alcanzar el tiempo de que disponen. Cualquier descuido podría arruinar nuestro futuro. Todo depende del interés que nuestros políticos y también el mismo pueblo y sus visitantes, pongan en sacarnos adelante. Es cuestión de trabajar seriamente y convencer…
¿Por qué últimamente se habla tan mal de los políticos? Si nos pusiéramos a estudiar el tema en sí, es posible que lleguemos a la conclusión de que ha habido ciertos descuidos… Las gentes están pendiente de todo, claro, también es verdad que a veces hablan de más y sin razones firmes.
Esos comentarios hay que evitarlos, comienzan con pequeños argumentos y terminan exagerando. O, tal vez, en muchos de los casos, tengan acertadas razones y quieran manifestarlas con el derecho que les asiste la Constitución Española. Lo cierto es que hay que cuidar, muy y mucho, las consecuencias de los medios empleados, el derribo de las buenas opiniones de los demás y los verdaderos juicios de la propia concienci.