Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuentes Melián
Cuando veo un partido por la tele, realmente lo que quiero es utilizar el futbol para convertirlo en crítica política contra este país llamado España a la cola de Europa y Canarias a la cola de España, en cuanto a notas de calificación, cual si España y Canarias fueran un colectivo de escolares. Es lo mío una especie de contra chauvinismo, con un componente importante de… ¿xenofilia?
Los españolitos seguimos siendo diferentes, como en los tiempos mozos del extinto Manuel Fraga. Lo confirman tipos como Jesús Gil, el Dioni, el Roldán; y estructuras de macro edificios, continentes vacíos de contenido, carismáticos de cierto derroche, como los nuevos complejos culturales de Alcorcón, Valencia o Santiago de Compostela. También incluiría al Auditorio de Calatrava, en Santa Cruz, que en principio iba a costar 3 mil millones de pesetas y costó ¡veinte!
Un colaborador de plantilla de Diario de Avisos suele emplear adjetivos muy duros, pero todos merecidos y ajustados a realidad, contra nuestras señorías del Parlamento de Canarias. A mí me parecen incluso horteras algunos de los casos de delito cometidos en Canarias; para delinquir hay que hacerlo con estilo, mantener las formas. Aquí no. Lo de Las Teresitas (por lo menos cinco motivos de juzgado en un solo caso) es hasta paradigmático.
En otro desorden de cosas, no se pierdan ustedes, queridos lectores, la película francesa ‘Intocable’, cuyo tema base se sintetiza en el dominio del criado o sirviente sobre su señor o señorito, a veces aceptado, a veces rechazado por éste. La crítica especializada compara ‘Intocable’, en este esquema esencial, con varias películas, antiguas, como ‘Paseando a miss Daisy’, o recientes, como ‘El discurso del Rey’. También con la inolvidable de un inmenso Vittorio Gassman, ‘Perfume de mujer’, en que un militar ciego tiene a su soldado raso, guripa, mancebo cuyo servicio incluye la búsqueda de las mejores putas en los burdeles. Y la más trágica e impresionante de todas: ‘El sirviente’, de Losey, con un siempre morboso Dick Bogarde de criado, que le come tanto el coco al señorito inglés, hasta imponerle que le ate el cordón de sus zapatos. ¡Denigrante, aberrante para un aristócrata que se precie!
Y ¿saben ustedes de quién me acordé al ver ‘Intocable’?, pues de un amigo mío ya fallecido, de nombre Santiago, que en el Campamento Militar de la IPS, sito frente al aeropuerto en Los Rodeos (años sesenta, siglo XX), se vacilaba de su capitán, el cual tenía cierta debilidad a favor de los soldados del pueblo de donde ambos procedían, puro chauvinismo localista. Mi amigo, en la época más pintoresca, alegre y definitoria de su vida, abusaba constantemente de la confianza de su capitán, hasta rebasar la línea de lo militarmente permisible. Pero un día, el capitán se cansó de tanto vacilón y lo mandó, con la ametralladora pesada sobre los hombros, a dar varias vueltas al campo de la explanada de tierra del Campamento. ¡Jo!