Periódico digital del Norte de Tenerife
Viento céfiro del atardecer
que el silencio otoñal agudiza,
¡cómo hieren al árbol que agoniza
y me entristece verle fenecer!
Descuelgan del reseco ramaje
cayendo mansamente en el suelo,
asistiendo al agónico revuelo
en el tan triste y umbrío paisaje,
¡cuántas hojas muertas esparcidas
que caen en el asfalto polvoriento;
yacen quietas a merced del viento,
del viejo árbol ya desprendidas.
Entonces las lluvias volverán,
formándose en la tierra arroyuelos...
Las hiervas sobre los húmedos suelos
verdes y lozanas crecerán...
Siempre al concluir cada triste otoños
nuestra tierra reverdecerá
y el dormido árbol se erguirá
presenciando sus tiernos retoños.
Nuevas hojas volverán a nacer,
cuando llegue la Primavera...
¡Ay, si como el árbol yo pudiera
tantas ilusiones perdidas traer!
A los hondos barrancos iría,
donde las aguas en tropel fueron
y a mi imploración no le dieron
consuelo, a vengar la pena mía.