Periódico digital del Norte de Tenerife
Lorenzo de Ara Rodríguez
De mí no te fíes si crees que soy tu amigo, ojo
Un amigo y una amiga, medios bobos los dos, me piden que reflexione sobre la vida y la muerte. Los mando a tomar por culo, claro. Y se cabrean.
El primero coge un berrinche y dice que no volverá a hablar conmigo, que es perder el tiempo, que estoy más pa’llá que pa’ca, y cosas por el estilo.
La otra se hace la interesante e intenta que la cosa no llegue a mayores. Pero la guerra se declara. Es total. Habrá muchas víctimas y efectos colaterales. Así puede terminar una larga y fructífera amistad cuando se piden imposibles.
Por ese motivo, y por otros muchos que no vienen a cuento, el opinador de pacotilla tiene pocos, muy pocos amigos. A mí me gusta decir que no tengo ninguno, gracias a Dios.
A un amigo no se le puede pedir que reflexione en voz alta sobre la vida. Que haga lo mismo cuando es la muerte la protagonista. Hay otras cosas de las que hablar, otros asuntos de los que opinar.
Política, mamandurria (o sea, política), despilfarro (o sea, política), derroche (o sea, política), corruptelas ( o sea, política), recortes (o sea, política), y si el amigo es muy, pero muy inteligente, (y en Puerto de la Cruz por metro cuadrado hay más inteligentes que en otros pueblos de la comarca, seguro, y si no que pregunten en el Ayuntamiento), también se puede opinar de la zona de habitabilidad y de la partícula de Dios.
En fin, que hoy, como los opinadores de verdad son los que más cosas tienen que decir de nuestro pueblo (no me acostumbro a escribir ciudad), el hijo del pescador lava algunos trapos sucios en esta hueco todavía limpio e independiente.
La amistad es algo en lo que no creo. Huele mal.
Dejé de creer en ella hace muchos, muchos años. Hay buena gente, muy buena gente. Gente a la que uno quiere y respeta, pero a mí la amistad, ni fu ni fa.
Es una palabra hueca, manida, sucia, corrompida. Una palabra que está mejor en manos del jodido jefe de protocolo de un vulgar ayuntamiento.
La amistad de verdad no está ni la quiero encontrar. Prefiero el buen compañero, la buena gente, y no aspiro a figurar en ninguna lista de amigos sagrados. ¡Cuánta gilipollez!
Yo tengo mi familia. Mi núcleo. Lo de fuera es efímero, superficial, ligero, intrascendente.
No quiero decir con ello que no muestre interés, preocupación por lo que les pasa a las personas que conozco y por las que siento, eso sí, mucho cariño y respeto. No. Por esas personas soy capaz de emprender muchas cosas. Apoyarlas. En todo momento.
Pero la amistad es una puta bien pagada que se acuesta con todos, y yo, lo saben hasta en la China, no pago por follar, no pago por hablar, no pago por pensar, y no pago por llenar las manos de amigos que son de cartón piedra, más cabrones que angelitos de la guarda y, por supuesto, casi siempre, dolorosos espejismos.
De mí no te fíes si crees que soy tu amigo. Ojo.