Liliana Beatriz Castellano Díaz
DESTINO
Uno no escoge el café frio en las mañanas nostálgicas de mayo,
ni asesinar las hojas en llamas, con el paso lento atemporal del tiempo,
tampoco elige madrugadas insomnes plagadas de sueños ebrios,
con aroma a tímidas violetas perdidas en un preludio triste de Chopin.
Una pretende ser reina con las cosas sencillas: el vuelo de las aves, tan libres y tan sabias, el rumor confidente de los grillos nocturnos arrullando a la luna, eterna enamorada.
Una es apenas una tinaja frágil, modelada por sueños y por amplias llanuras de promesas ingenuas dormitando cansadas.
Una es apenas eso... y en castillos de arena resigna cada verso, cada ilusión perdida que atesora muy queda, tratando que el silencio no envejezca en su alma.
Entonces hace trampas: ilumina su casa, la viste de domingo, la puebla de esperanzas, la satura de risas, y la colma de ganas...
Ay! una no escoge caminar solitaria, es un sino, es la estrella que acompaña las horas, es la brújula eterna que la lleva hacia el alba.
Una y otra vez ensaya primaveras, y no escoge su ropa simplemente
desnuda, acaricia su almohada.
Y el alba que no llega, y el sol que no la abraza, y ella que no escoge su diadema de lágrimas.
Como pesa el amor si no se escoge, en esa celda oscura de palabras.