Celestino González Herreros
Dicen que mirar hacia atrás no es muy sano, que equivale a mover rescoldos aún encendidos del pasado, es como caminar en dirección opuesta buscando aquellos resquicios desperdigados en el camino al movernos hacia el actual momento. Buscar con nostalgia valores perdidos, miradas distraídas, voces apagadas… Dicen que sólo se sufre, al evocar todo aquello que hemos perdido y que tanto hemos amado y no queremos olvidarlo. Luego nuestro presente, todo son desengaños latentes si miramos a nuestro alrededor, sólo vemos las miserias que despreciábamos en el pasado. De más está mencionarlas, pero sí podemos decir que nos resultan inadmisibles, impropias de nuestra civilización, inaceptables; y en ese medio hemos de vivir hasta el final de nuestros días, nuestro futuro…
A nosotros nos educaron, desde las escuelitas aquellas y nuestras queridas maestras, para que, al pasar el tiempo supiéramos hacerle frente a la vida ante posibles contratiempos y pudiéramos vivir mejor y con menos privaciones económicas y hasta sociales, ante inesperado reveces que surgieran. En aquellas añoradas escuelitas aprendimos a valorar el verdadero concepto del amor, el respeto, la solidaridad con los demás, la urbanidad compartida con nuestros semejantes, etc. Según la Historia, aquellas lecciones nos sirvieron, si, mientras el evolutivo progreso en nuestros pueblos aún no había comenzado andar, luego, arrasándolo todo se implantó el actual escudo del liberalismo, hasta la misma anarquía y el hombre fue perdiendo la fe en sus principios y la corrupción sacó sus largos tentáculos cual afiladas uñas para dañar todos nuestros principios y aquel regocijo que sentían nuestros mayores creyéndonos preparados para vencer, honestamente, todos los avatares que nos pudieran surgir en nuestras vidas. Consuelos frustrados por los nuevos sistemas. Y dicen que mirar hacia atrás no es muy sano, que nos daña… ¡No comprendo el por qué! Aquella inocencia, la capacidad humana de nuestras gentes, la nobleza que se podía leer en sus miradas, todo eso desapareció. Hoy sólo se vomita agresividad, burla y prepotencia. No existe la compasión por los más desposeídos. No se comparte el calor humano como antes se acostumbraba hacer, medio pan para ti y el otro medio para mí. Si hasta un buen número de jueces, dicen que están en entre dicho. Eso es muy peligroso. Si no hay una Justicia equitativa y moralmente participativa el caos en evidente.