Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuentes Melián
EL HIERRO, POLÍGLOTA
Unos huyen mientras otros se acercan a La Restinga. Van a ver, oír, oler y sentir el calor del volcán. Una señora extranjera, que lleva mucho tiempo residiendo en la Isla del Meridiano, debe abandonar su domicilio por orden de las autoridades (mezcolanza, mestura, de muchos entes sin cohesión, demasiados para dar órdenes en una isla tan pequeña). La señora extranjera se dirige a su casa, y comenta en voz alta que va a “recoger ‘medicinasss’ y a dar de comer a sus ‘gatosss”. La señora europea comunitaria, no obstante haber nacido en otro país con otro idioma, pronuncia las eses finales herreñas a la perfección. Maravilla.
Por razones de trabajo, hace unos años estuve una temporada yendo a El Hierro. La primera vez, desde el mismo avión (entonces era solamente un ‘fóker’ al día, había que dormir—qué delicia—en los silencios herreños) fui directamente al lugar de la obra, en un paraje del interior, por la zona de Taibique. Me acompañó un técnico de una empresa constructora, un jovenzuelo peninsular oriundo del interior de Castilla, mucho más profundo que el interior de El Hierro. Fuimos a comprar algo de comer a la única venta del lugar. La señora de la venta nos recibió con unos “buensossss díassss “, expresión verbal que dejó el acento del peninsular fosfatado, con sus ces y sus eses, como si el alma del propio volcán, entonces dormido, hubiera intentado convertir aquel trío de voces dispares en una verdadera babel. Mas, con un ligero esfuerzo mental y vocal idiomático, al fin conseguimos entendernos.
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