Periódico digital del Norte de Tenerife
José Melchor Hernández Castilla. Asociación Wolfgang Köhler.
Dedicado a todos los amantes del Puerto de la Cruz
Los ciudadanos del Puerto de la Cruz, los que trabajamos en dicho municipio o los que hemos hecho de dicho municipio nuestra casa sentimos, a veces, el abatimiento, la desdicha, la tristeza más triste... Nuestra reciente historia ha estado plagada de dirigentes, que con su buena voluntad, sólo han conseguido, hasta ahora, mantener al municipio en un papel discreto y gris, sin ir más allá de los problemas cotidianos. También, es verdad, que vivimos pensando y añorando aquellos años dorados cuando el turismo extranjero dejaba generosamente su dinero en nuestra puerta, y esperamos que algún día recobraremos aquella época. Y esto es un sentimiento legítimo, pero los sentimientos tienen sus propias leyes, son atemporales o lo que es lo mismo tienen fecha de producción pero no de caducidad; y mientras ya han pasado 30 años, el mundo externo ha cambiado: el Sur de Tenerife es el destino más fuerte de la isla; Lanzarote y Fuerteventura se han convertido en islas básicamente turísticas; han proliferado destinos de ocio y descanso en América, África y Asia. Por otro lado, nuestros atractivos turísticos son limitados: la playa, algún parque temático, un paisaje o dos de interés paisajístico, y poco más, además de nuestras infraestructuras hoteleras relativamente viejas, aunque reformadas en fechas muy cercanas. Pero qué necesitamos para adaptarnos a un entorno cada vez más cambiante y más competitivo: flexibilidad mental y disposición para tomar decisiones para nuestro presente-futuro. Y cómo lo podemos concretar: Un Parque Marítimo consistente; un muelle Pesquero-Deportivo-Comercial enlazado con la isla de La Palma; un Paseo Marítimo alrededor de la costa; la designación de Punta Brava como zona mixta, residencial y turística, como lo es el Loro Parque y la zona de Playa Jardín de Punta Brava, salvaguardando así, en parte, el problema de la delimitación de costas que sufre; unas piscinas de alto rendimiento para un turismo deportivo; un campo de fútbol, además del propio, para equipos internacionales; unas instalaciones de atletismo para deportistas de competición; una adaptación de las infraestructuras hoteleras para un turismo de salud con todas las terapias naturalistas actuales; la adaptación y la rehabilitación de nuestro patrimonio al mundo turístico como residencias, restaurantes o bazares; un centro cerrado, con cierto aforo, preparado para cualquier evento socio-cultural-turístico con los medios suficientes, donde se pueda realizar cualquier acto público. Hay más, pero dejemos la cuestión de las necesidades turísticas-sociales-culturales ahí, y planteemos el asunto de la educación, o la formación como vía de integración de nuestros jóvenes en el mundo laboral. Si hay un municipio que ha mirado para otra parte, desde hace 20 años, a la formación ése es éste, aunque el sector privado y la asociación de hoteleros han paliado esta dinámica en ciertos aspectos. Pero..., cómo un municipio como el Puerto de la Cruz no tiene un hogar escuela, y por qué ese lugar no pudiera ser el Hotel Taoro, bastión del turismo en Canarias, edificio emblemático terminado en 1890-3. Un centro de formación de hostelería: cocineros, camareros, recepcionistas, camareras de piso, administrativos especialistas, agentes de viajes, guías, directores, entre otros. Un hotel para hospedaje, para saborear la cocina canaria e internacional, un lugar histórico con solera y con un parque inglés, donde la tranquilidad y el sosiego es su mejor carta de presentación.