Periódico digital del Norte de Tenerife
Esteban Domínguez
Vivimos en unas fechas de verdadera realidad cristiana y humana. Llega Natividad, unas frías navidades que nos hacen recordar en la voz de nuestros mayores las muchísimas dificultades que el hombre con el paso del tiempo ha ido contemplando.
Penas y calamidades, hambre, sudor y lagrimas. Casi podíamos decir que la vida del ser humano carecía de sentido, pues si ahora la crisis nos afecta de un modo directo, tanto a trabajadores que se ven en la calle, como a empresarios que no les queda otro remedio que cerrar sus puertas, vemos como estos días tan entrañables en que conmemoramos el Nacimiento del Niño Jesús, el pobre es más pobre por los motivos ya conocidos, y hasta los villancicos que animaban las noches primeras de diciembre, y ponían un anota de alegría conjunta, parece que no resuenan con la fuerza que lo hicieron en años de prosperidad como los ya vividos.
La crisis suele ser la causante, y el político el culpable cuando no se administran adecuadamente el erario público.
España y Canarias también junto a otros países comunitarios junto a otros continentes, no nos queda otro remedio que asumir una Navidad empobrecida que vemos por nuestras calles y rincones, en la cual hoy hombres mujeres y niños que esa noche de Paz, dormirán bajo un puente, porque la Navidad para ellos, es como otro día cualquiera de los muchos que padecen hambre, miseria y un techo donde cobijarse.
Resulta agradable recibir felicitaciones por estos días, pero sería más importante ante los ojos del Niño Dios, que esas familias sean mejor atendidas por quienes tienen el poder en sus manos.
Ya la pandereta no resuena con tanta armonía, ni hay ánimo para salir a la calle, para animar y animarnos. Nos falta lo sustancial; el pan y la manta, para que esa noche del 24 de diciembre sea semejante a la que tuvieron que adaptarse José y María, en u n pesebre porque en la ciudad no había un lugar libre donde descansar,
En un pobre pesebre nació en Redentor del Mundo, junto a una vaca y una mula, pero un Ángel del cielo hizo posible que unos pastorcillos que cuidaban e sus ganados, llegaran hasta aquel pesebre, le adoraron y en lo mas alto oyeron cánticos de alabanza al pequeño Infante.
Mucho se podía hablar de este sagrado misterio, pero se nos hace imposible ante las nuevas tendencias que ahora mismo caen sobre la tierra. Una tierra y unas naciones casi sorprendidas, por la crisis, que tan fuerte cae sobre quienes carecen de un lugar donde reunirse en familia y compartir la alegría vivida en Belén.
La hipocresía del poderoso da la impresión de olvidarse del que padece hambre o no tiene trabajo. Pero Dios nunca desampara, al que cumple con sus mandatos.
En las redes sociales vemos cada día como el hombre el más humilde y necesitado sale a la calle en busca de un pan y le es imposible porque desde los organismos oficiales se lo niegan.
De nada importa tantos deseos de Paz y Felicidad si más de medio mundo se muere de hambre y de miseria. Mejor sería compartir con mayor cariño en pan de la Navidad entre aquellos que tiene que soportar ya no solo el hambre de una noche misteriosa para el ser humano, sino el frío que traspasa sus huesos, mientras que en los hogares de tantos burgueses, se brindan con la copa de champán en alto.
Y como Dios lo ve todo, según te portas con su vecino, serás portado en el paraíso.
Vivamos una Navidad solidaria, aparte quedan los buenos deseos, las felicitaciones, porque carecerán de valor si tu hermano sigue mendigando por las calles
Y no le tiendes una mano, ya no sólo en estas fechas, sino en cualquier momento en que la avaricia del rico cala muy hondo en aquel que no pudo compartir la Navidad por los errores ya conocidos.
Termino felicitando a quines salen a la calle en busca de alimentos para repartirlos con aquellos que cada tienen. Gesto que Dios hecho hombre agradece, y que estos días no decaiga el ánimo de los que cada tienen, pues el Niño Dios, estará como padre bueno junto a ellos.