Periódico digital del Norte de Tenerife
Ha muerto un ruiseñor,
no más trinos,
no más cantos,
muy solitaria la mañana.
Silencio absoluto,
un deje de abandono,
las cinco de la mañana,
todo en calma.
No hay alegría,
su trinar hace falta,
observo el vacio,
desde mi ventana.
Rayito de luz,
se asoma en el horizonte,
vuelan pajaritos,
aves de mil colores,
que poco a poco van llegando,
a depositar su lamento.
Sol,
luna,
estrellas,
firmamento,
todos se unen para decir adiós,
al mejor ruiseñor del momento.