Isidoro Sánchez García. Ingeniero de montes
LA IMPORTANCIA DE LA LATITUD EN LA INDUSTRIA
De siempre las coordenadas mundiales en materia geográfica han influido en las actividades humanas. Desde la época de Colón, cuando viajó desde Europa al poniente siguiendo la ruta de los alisios, hasta la actualidad, con el turismo como referente. En el primero de los casos con el rumbo marcado por el vuelo de unas aves que llevaron al almirante genovés hacia el SO, pues de lo contrario hubiera desembarcado en algunos de los actuales EE. UU. De América con la misma latitud que La Gomera; en el segundo, con la prisa de los turistas europeos en bajar hacia el sur de manera apresurada y nerviosa en búsqueda de sol y playa.
Con la industria ha pasado algo similar pero al revés, al menos en los ámbitos que uno conoce: el agua y las energías renovables. Lo he constatado al seguir las observaciones de los expertos y recordar las vivencias de los últimos años, de cuando uno apuesta de manera humilde y confiada por estos sectores industriales, dos de los más estratégicos de la economía canaria. Con un riesgo y una valentía superior a la que le gusta aludir el sr. Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, cada vez que defiende al presidente Rajoy y al ministro Soria en la toma de decisiones energéticas. Por ello no es extraño que los analistas políticos comenten que la des – industrialización sea uno de los problemas a los que debe hacer frente la Europa del sur. Mientras Alemania, Holanda y Finlandia, al norte, permanecen más o menos estables, los países mediterráneos como Francia, Italia y España han visto caer la participación industrial en su PIB. ¡Cuanto más bajas en latitud más dura es la caída!
Eso es lo que le sucede a algunas comunidades españolas como es el caso de Canarias, a pesar de contar con la Ley 30/1972, del Régimen Económico y Fiscal (REF), y eso que a lo largo de su desarrollo conoció la aprobación de la Constitución española en 1978 y la adhesión del reino de España a las Comunidades Europeas en 1986, lo que propició su modificación en dos momentos puntuales: en 1991 para aprobar la Ley 20/1991, de los aspectos fiscales, y en 1994 para conocer la Ley 19/1994, de la faceta económica. La desaparición entonces de dos figuras tributarias dio lugar a la irrupción del AIEM, un impuesto nuevo, un arbitrio sobre Importaciones y entregas de Mercancías en las islas Canarias que es aplicable a un número reducido de productos caracterizados por su especial sensibilidad para la economía canaria, contribuyendo, entre otros, a los objetivos de desarrollo y fomento de las actividades productivas en Canarias. Entre ellas las relacionadas con el agua y las energías renovables.
Estaba claro que era una cuestión de competitividad y de ultra sensibilidad, de principios políticos. Dio la impresión que las circunstancias geográficas de este archipiélago de la Macaronesia como la lejanía, la insularidad, la longitud y la latitud, eran tomadas en consideración por el REF. Sin embargo algunas situaciones anómalas actuales no lo demuestran. Me refiero al AIEM, también al impuesto verde y al recorte de las horas de sol a primar cuando se genera electricidad con energías renovables en latitudes como las que vivimos. En unos casos depende del gobierno autónomo canario y en otros del gobierno español. Confiemos al menos que la nueva propuesta de actualización del AIEM elevada por las autoridades canarias a la superioridad, estatal y europea, nos conduzca a desarrollar y fomentar las producciones industriales canarias relacionadas con el agua, ya que las esperanzas puestas en el ministerio español de turno, a la hora de tratar a Canarias de manera singular en materia de energías renovables, van en picado. Está claro que es cuestión de latitud: ¡Cuanto más al sur más grande es la leña que recibes!