Periódico digital del Norte de Tenerife
Lorenzo de Ara Rodríguez
La Inquisición y los martirios políticos en el siglo XXI
Una sesión plenaria de siete horas puede terminar con la vida de Obama. ¿Se acuerdan? Una sesión plenaria de carácter ordinario (muy ordinario) puede volver loco a Eduardo Punset. Y lo que seguramente hace una sesión plenaria así, es aburrir a los cangrejos, sobre todo a los cangrejos.
También una sesión de siete horas puede hacer que los caracoles huyan del salón de plenos a la velocidad de los neutrinos, que no llega a ser la velocidad de la luz, pero casi.
Es verdad que se ha dicho que la duración extensa de los plenos ordinarios (muy ordinarios) en Puerto de la Cruz es producto de la buena salud democrática que vive la institución. ¿Puedo reírme?
Nada tiene que ver la democracia con el reloj marcando las horas.
Las sesiones se prolongan porque en la política local se tiene miedo a lo que se diga esa misma noche o a la mañana siguiente en la plaza del Charco, en el muelle, en algunas calles o en el propio ayuntamiento entre el personal laboral y los funcionarios.
En el ayuntamiento de la ciudad portuense un político con la boca cerrada es tomado por inútil. Y si, al abrir la boca, ese político no tiene en el repertorio un buen rosario de insultos, entonces ya tiene cavada la fosa para las próximas elecciones. Es un don nadie, un fracasado.
En mi pueblo prevalece lo que ya pusieron de moda los romanos: pan y circo. Y eso es lo que sucede muchas veces (no siempre) cuando hablamos de las sesiones plenarias.
Habría que apostar por el consenso. Buscar acuerdos. Llegar con las cosas muy claras al comienzo de los plenos. Desnaturalizar el esperpento que en muchas ocasiones se monta. Que los medios de comunicación realizaran un ejercicio sano de evasión.
Quizá así los ciudadanos de mi pueblo aceptarían de buen grado que la institución consistorial sirve para algo más que la eterna bronca, la lapidación política o el estrafalario discurso obsoleto, pueril, dantesco y gangrenoso que se propaga como el fuego de Nerón por Roma. Hoy se habla de la decadencia de Europa, hagamos lo necesario para no hablar de la decadencia de Puerto de la Cruz.
Comencemos, pues, por no martirizar con los plenos de siete horas.
Pasito a pasito, sin prisa, pero con menos insultos y sin tanto mirar al pasado seguro que hay senda correcta para triunfar en el futuro.