Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuentes Melián
Veo por LA 2 de TVE una muy buena película checa: Yo serví al Rey de Inglaterra (Jiri Menzel, 2006). El título puede llegar a despistar, no tiene nada que ver con el argumento de esta impresionante película, que tiene como principal objetivo y medio de plasmarse en la pantalla, un humor muy singular emanado de la novela de Bohumil Hrabal, en que está basado el filme. Es como una segunda parte complementaria, muy lejana en el tiempo, de la recordada Trenes rigurosamente vigilados (mismo director, 1967).
El protagonista es un chico de pueblo bajito, rubio, insignificante, camarero que se quiere hacer rico en pleno conflicto bélico y entre guerras (años treinta a años sesenta, siglo pasado), cuando los alemanes intentan adueñarse del Mundo. Con un muy fino sentido del humor, muy peculiar, muy singular, se describen en clave de comedia acontecimientos trágicos protagonizados por los nazis hitlerianos, pero sin ponerlos a parir sistemáticamente, al contrario de lo que con harta frecuencia sucede en el cine ‘made in USA’.
La chica coprotagonista de la peli es nazi, diríase que enamorada de Hitler, pues una de las veces en que hace el amor con su novio, mira a un cuadro con la foto de aquel dictador que está en la pared de la habitación… Los nazis tenían parques de recreo de alto nivel, en su territorio y en los que iban conquistando, con piscinas climatizadas, en que se bañaban desnudas las jóvenes rubias más guapas y de pura raza, ‘esperando’ a varones alemanes, de raza aria, para que les ‘hicieran’ un bebé también de pura raza. Pero antes del coito, a los pretendientes les practicaban un análisis de semen, para ver si eran arios de verdad.
Ahora, mayo 2012, en que uno de mis compañeros de Milicia Universitaria IPS de hace medio siglo (1962) ha sacado del cajón de los olvidos una foto de nuestro Día de la Jura de la Bandera en el Campamento de Los Rodeos, hay una anécdota que quiero comentar: En la película antes mencionada se oye una canción fundamental del nazismo en su pleno apogeo, que, con la misma música, es una de aquellas que nosotros, pertenecientes al Arma de Ingenieros Zapadores, cuando marchábamos y hacíamos la instrucción, cantábamos en español, aunque con diferente letra:
“…..el zapador que cae en la alambrada, salvado ha, a mil que van detrás…”
¡Ay!, ¡recuerdos imperecederos!
ESPECTADOR