Periódico digital del Norte de Tenerife
José Melchor Hernández Castilla. Secretario de la Asociación Wolfgang Köhler
“A todas las personas amantes de la naturaleza y del paisaje”.
El desarrollo sostenible se podría definir como “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades” (Conferencia de Río de Janeiro, 1992). El concepto de desarrollo sostenible descansa sobre dos criterios básicos para su viabilidad social: la equidad, como criterio para la distribución de la riqueza común, y la moderación en el consumo.
El reconocimiento de la profunda degradación ambiental que la especie humana provoca en el medio ambiente es el centro y el ojo del huracán en el cual nos encontramos inmersos. Los actuales niveles de consumo de recursos en los países industrializados no pueden ser alcanzados por la totalidad de la población mundial, y mucho menos por generaciones futuras, sin destruir el capital natural. La sostenibilidad ambiental requiere que nuestro consumo de recursos naturales materiales, hídricos y energéticos renovables no supere la capacidad de los sistemas naturales para reponerlos, y que la velocidad a la que consumimos recursos no renovables no supere el ritmo de sustitución de los recursos renovables duraderos; además de que el ritmo de emisión de contaminantes no alcance la capacidad del aire, del agua y del suelo de absorberlos y procesarlos.
El gobierno local está cerca del lugar donde se perciben los problemas ambientales y muy cerca de los ciudadanos, y por ende determina, mayormente, el proceso de cambio de los modos de vida, de la producción, del consumo y de las pautas de distribución del espacio.
El paisaje es un bien patrimonial público, técnicamente denominado por el Plan Insular de Ordenación de Tenerife (PIOT) como “bien económico colectivo”. La aplicación de un programa de protección de calidad medioambiental en los Planes Generales de Ordenación Urbana debería ser materia no sólo del Cabildo y del Gobierno de Canarias, sino asignatura obligada en todos los municipios. Nuestro futuro depende de ello, si tenemos en cuenta que el 80% de nuestra economía depende esencialmente del turismo.
El periódico EL DIA, publicó el 19 de diciembre de 1999 la siguiente noticia “El Dr. Iwand, responsable de TUI, principal operador turístico alemán en Canarias, alerta del actual modelo de crecimiento e insta a las administraciones públicas, a tomar drásticas medidas que armonicen racionalmente desarrollo, economía y sociedad. Considera imprescindible que se ponga freno al desbocado crecimiento urbanístico en la isla”. El Dr. Iwand firmemente nos advierte de que, de seguir destrozando así nuestro territorio e ir en aumento las quejas e indeseabilidad de nuestros visitantes, el turismo demandará ir a otros destinos de mayor calidad ambiental: con aguas más limpias, aire más saludable, paisajes más bellos, mayor profesionalidad; menor delincuencia, ruido y estrés; más patrimonio natural, cultural...
Desgraciadamente, en el Valle de La Orotava se siguen realizando vertidos de aguas fecales al mar (Punta Brava, Martiánez, Lago-San Telmo) y graduales contaminaciones y envenenamiento de barrancos y de acuíferos de agua potable (Polígono San Jerónimo, urbanizaciones, edificios, etc.). El paisaje como recurso y objetivo es nuestra mayor basa en el Norte de Tenerife, como ya nos comentó el Dr. Iwand, y si los planes de Ordenación Urbanística de los distintos municipios destruyen este insustituible BIEN terminaremos parafraseando al Dr. Wolfredo Wildpret, catedrático de Botánica de La Universidad de La Laguna, “¿De qué vamos a comer?”.