Periódico digital del Norte de Tenerife
La malicia se había instalado en el amor que tuvimos,
y despacito me consumía el infierno en que vivíamos.
Carezco de esa esperanza que mitigue en mis sentidos
el valor para olvidar la humillaciones que he sufrido.
Una pared han formado los ladrillos de mis penas,
dejándome atrapada en el espejo de una condena.
Solo la luz de la luna me entibia en este encierro,
y el mundo yace dormido sin percibir mi destierro.
Las aves se amotinaron para invocar al silencio,
que deseche de mi rostro la frialdad del desprecio.
La oscuridad es amiga porque ciega estoy viviendo
en un cuarto humedecido entre lágrimas fluyendo.
¿No sé, porqué esta angustia si el amor había muerto?
¿Acaso extraño su maltrato en este cuarto desierto?.
Mi demencia es absoluta y a mi vida no la encuentro,
tengo miedo que los recuerdos me confinen aquí adentro.