Periódico digital del Norte de Tenerife
Lorenzo de Aras Rodríguez
Todos sin excepción criticamos a nuestros representantes políticos. Está bien. Se lo merecen. Son personajes públicos y muchas veces realizan una labor estrepitosa. Nos hacen la vida imposible. ¿Pero son los únicos culpables?
En los pueblos se practica la caza al político con inusitada virulencia. Es como practicar el tiro al pájaro. Como matar lagartos. Como si se esperara la salida de la hormiga para aplastarla sin compasión.
El político no deja de estar en el punto de mira de los francotiradores. ¡Todos somos francotiradores cuando opinamos de política!
¿Qué pasa con el liderazgo más allá del ejercicio político? Yo quiero saber si en mi pueblo hay un liderazgo empresarial. ¿Existe? ¿Lo hay tal vez en el mundo de la cultura, la educación, el deporte, la ciencia? Si la respuesta es negativa, entonces tenemos un grave problema.
El político se gana la confianza del ciudadano con el voto en la urna. Pero ese político no puede por sí solo cambiar el rumbo de la historia. Es del todo imposible.
A los empresarios inútiles hay que apartarlos. Que dejen paso a los que de verdad apuestan por el diálogo, la renovación, la innovación, las ideas novedosas. Y lo mismo hay que exigir en los otros campos de trabajo.
El político necesita una sociedad crítica, impulsora de cambios, y no una sociedad atolondrada, pedigüeña, pacata, sumisa. Sin olvidar que muchos políticos mediocres y ruines lo que quieren es precisamente vivir en una sociedad así.
Mi pueblo tiene los políticos que tiene, pero tengo el convencimiento de que en una población con más de treinta y cinco mil habitantes de derecho hay personas capaces y capacitadas de mandar al retiro a los que ya no ilusionan y, sobre todo, de impedir el acceso de otros protagonistas en el día a día del ayuntamiento, muy peligrosos para el consenso político y social.
Si además de ese objetivo en la política, no apostamos por el liderazgo comercial, empresarial, turístico y deportivo, la ciudad está condenada a seguir viviendo en el ostracismo y en la decadencia.
De nuestro ayuntamiento poco o nada podemos esperar, pero en una sociedad viva, los cambios se suceden, sin tener que esperar por el lento, cansino y atrofiado político de turno.