Periódico digital del Norte de Tenerife
José Melchor Hernández Castilla: Secretario de la Asociación Wolfgang Köhler.
LLUVIAS TORRENCIALES EN LOS BARRANCOS DEL NORTE DE TENERIFE
“Históricamente los temporales en Canarias suelen acontecer en el mes de Noviembre”
“El temporal de lluvia y viento, que soplaba desde primeras horas de la mañana, provocó que empezaran a correr los dos barrancos que separan el pueblo del Puerto de la jurisdicción de la Villa de La Orotava y Realejo de Arriba… El de San Felipe, que empezó a correr a la misma hora que el de Martiánez, lo hizo con menor violencia, pero hacia las dos de la madrugada se desbordó con gran fuerza a la altura de la Cruz del Rayo y se dividió en varios brazos, bajando uno de ellos por la Calle de las Cabezas, llevándose cuando encontró…”. Como bien puede entenderse, este un relato del temporal acontecido en el Norte de Tenerife entre el 7 y 8 de noviembre de 1826, y que afectó fundamentalmente a los pueblos del Puerto de la Cruz, Villa de La Orotava, Realejo Alto, Realejo Bajo, La Guancha, San Juan de la Rambla, Icod de Los Vinos y Santa Úrsula, con un total de 243 personas fallecidas, 1.009 animales muertos, 311 casas destruidas y 112 casas arruinadas.
En los últimos 60 años en Canarias, las lluvias torrenciales se han producido alrededor de septiembre y abril, y la mayor cantidad de ellas entre noviembre y febrero. La mayor intensidad de las lluvias se da en las vertientes orientales a altitudes medias. El origen de estas situaciones y su gran inestabilidad está generada por una acusada depresión fría en altura que crea importantes diferencias térmicas con las capas más bajas. Si añadimos a esto los significativos desniveles, en especial en las 5 islas más occidentales, junto a la falta de vegetación y el carácter impermeable de las rocas, nos da como resultado las grandes avenidas (aumento inusual del caudal del agua) donde el torrente arrastra materiales fácilmente erosionables. Al añadirse materiales sólidos al torrente se incremente el poder destructivo del mismo. Además, en los núcleos de fuerte pendiente, la falta de drenaje adecuado ocasiona un volumen de agua considerable en tiempos muy cortos. Así, se originan inundaciones instantáneas, que suelen producirse en pequeñas cuencas de sólo algunas decenas de kilómetros cuadrados, lo que da lugar a la aparición de avenidas muy violentas.
El Cabildo de Tenerife posee un Plan Especial de Defensa frente a Avenidas de Tenerife (PDA), que tiene por objeto la regulación de las actuaciones que deben realizarse en la isla para evitar, corregir, atenuar, proteger, prevenir y alertar de los efectos adversos derivados de las escorrentías (aguas de lluvia que discurren por las superficies de los terrenos) extraordinarias de agua, en sus múltiples manifestaciones y formas. Retomando este plan, sería bueno que el Cabildo de Tenerife y especialmente el Consejo Insular de Aguas de Tenerife prestara más atención a las infraestructuras de carreteras, conducciones de aguas, y localizaciones de barrancos.
Expondremos, en este caso, un pequeño inventario no exhaustivo de infraestructuras sin planificación adecuada. 1) El barranco de Las Lajas o de la Raya, a la altura de la Montañeta, pasa por encima de la carretera de la Luz; en este mismo tramo los vecinos suelen aparcar sus coches. 2) El barranco de la Raya o de San Felipe, en su desembocadura, se ha convertido en bancales para estacionamiento de vehículos. 3) Tres barrancos atraviesan la autopista del Norte en el tramo La Montañeta Las Arenas-San Nicolás, de ahí las inundaciones en la misma. 4) El Barranco de Tafuriaste (también de Martiánez), a la altura de la Urbanización de la Urbanización Guacimara (Puerto de la Cruz) atraviesa una carretera empichada. 5) El pueblo de San Juan de La Rambla se halla comprendido entre 2 barrancos (La Chaurera o de Poncio y La Cantera) que atraviesan la carretera general hacia Icod de Los Vinos. 6) La Avenida de Canarias (Los Realejos) anteriormente era una de las ramas del barranco de San Agustín o del Patronato. 7) La otra rama del barranco del Patronato, a su paso por el puente de los Barros (Los Realejos), se desborda porque la canalización es de reducido tamaño.
Las infraestructuras bien planificadas permiten la reducción de peligros humanos y materiales. En este sentido, el Consejo Insular de Aguas de Tenerife debe afrontar el reto de minimizar y paliar, en la medida de lo posible, los peligros de las aguas torrenciales en los barrancos.