Periódico digital del Norte de Tenerife
Susana M. Nino
Madre, no fui yo quien te eligió, fuiste tú quien me engendró. Quien en medio de tristezas, alegrías, sufrimientos y penas decidiste tenerme.
Tu madre abnegada, dulce y consentidora quien a mis días das todo de ti, quien en tus palabras brindas las enseñanzas, el consejo, la fuerza y la voluntad para hacer de mi una mejor persona.
Tú lindo ser viviente, que a través de los años no te has dado por vencida, que luchas y me defiendes, me ayudas y comprendes.
Tú quien en momentos de pobreza, compartes y entregas el pan que a tu boca llega. Tu quien compartirías tu techo y lecho si a llegar ese día fuese.
Tu madre que con tus desvelos has forjado hilos de plata en tu bella cabellera, quien con tus preocupaciones por mi bienestar has forjado arrugas en tu rostro y angustias en tu alma.
Tus lindas y suaves manos aún conservan, ese toque suave y tierno que hacen olvidar mis dolores, preocupaciones y penas.
A ti Madre querida debo mi vida. Por ti soy y estoy. Gracias linda Madre por tu infinito amor y comprensión.
También hoy quiero pedirte perdón, por lo injusta, alocada, soberbia y tonta. Pues Madre como tú, no hay otra.