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Periódico digital del Norte de Tenerife

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MADRID, VALLECAS

Evaristo Fuentes Melián

   1EVARISTO FUENTES MELIÁNPara quienes hemos nacido y vivido en un pueblo relativamente pequeño -- aunque ahora, últimamente, se ha llenado de semáforos en sus calles principales, un invento electrónico que algunos identifican erróneamente como progreso y lo quieren así-- nos llama la atención, cómo algunos de nuestros vecinos pueblerinos se han ido a la gran capital y han tenido agallas para permanecer en ella durante largos años, y en ocasiones durante toda su vida profesional y laboral.

    El periódico ABC ha publicado una antología del recientemente fallecido humorista gráfico Antonio Mingote, desde sus primeras colaboraciones en ese diario, año 1953, hasta  su final; alguno de sus dibujos / chistes vieron la luz después de su muerte.

    Yo, como persona de pueblo, veo una especie de obsesión en algunas de las viñetas de Mingote, por los  problemas de una gran capital como Madrid donde vivió. Ahí están  reflejados  las aglomeraciones en el metro o los escandalosos embotellamientos por un excesivo número de vehículos a motor.

     Por otro lado, he visto en la tele la película ‘La estanquera de Vallecas’, pergeñada en 1981 como obra para el teatro, y llevada al cine español en 1987, bajo la dirección de un siempre iconoclasta Eloy de la Iglesia.  En el inicio del filme acompaña a los títulos de crédito una canción protesta, al estilo de las de Serrat o Víctor Manuel, realizada por el otrora célebre chico malo Patxi Andión, que por cierto en la película ‘La otra alcoba’ fue el partenaire de la bellísima Amparito Muñoz, Miss Universo, luego caída en la desgracia de la droga, precisamente un tema principal en ‘La estanquera de Vallecas’, en la que hasta el Comisario de la Policía Nacional esnifa droga en polvo.

La letra de la referida canción dice  que Vallecas es: 

“Un trueno sin miedo, una avalancha, puerto sin mar (…), un Rayo repleto de idolatría (…) Historia contada por las navajas (…) Calles de cristal, gente de metal, pública y plural, donde pervivir es ganar (…) La vieja dicotomía: la gente y la policía (…).Eso es Vallecas”.

   Desde el pueblo, desde la isla, hemos ido apercibiéndonos de que ya hay brotes en zonas de la capital,  barrios que se asemejan a Vallecas, “donde pervivir es ganar”. Y también en otros núcleos urbanos tenemos, por ejemplo, el barrio  de La Ranilla portuense, donde la gente habla y discute a grito pelado –como en Vallecas-- con sus vecinos, vis a vis, desde el balcón a la calle o viceversa. Pero estos barrios o barriadas nuestros son un sucedáneo en pequeño de Vallecas, ese maremágnum, ese “puerto sin mar”, en donde, si se mira desde las azoteas en panorámica fotografiable hacia el centro, se pueden ver, destacando, la Torre de Madrid y el Edificio de la plaza de España a la izquierda, y el de Telefónica en la Gran Vía, a la derecha.

   Estuve en el estadio de Vallecas en diciembre de 1978, en un partido de domingo mañanero  de Liga de Primera: Rayo-Valencia, donde militaba Mario Alberto Kempes. Cogí el metro para ir y para regresar al Centro, a un hotel de la Plaza del Carmen, donde nos hospedamos. Pero no puedo hablar en profundo del sabor de Madrid y de Vallecas, porque no lo viví en persona intensamente, pero ahora, con el  cuaderno  de Mingote y la película de Eloy de la Iglesia, me hago una más concreta idea.

                                                                                                  Espectador

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