Periódico digital del Norte de Tenerife
Susana M Nino
Mujer, Dios nos ha regalado la dicha de pertenecer a este género. Nacemos con la bendición de ser cuna y vientre. Somos de apariencia frágil, pero fuertes de espíritu, podemos sortear nuestras tristezas y enfermedades de una manera rápida y eficaz, tenemos la fortaleza de un roble y la fragilidad de un vidrio. Con la diferencia que este vidrio del que hablo cuando se rompe en mil pedazos tiene la cualidad de unirse y volver a su estado original.
La verdadera mujer nace cuando ha dado a luz, cuando nos convertimos en madres. Dando vida y después educando y formando a nuestros hijos para que se conviertan en seres buenos y llenos de aprecio por la vida.
Mujer aquel ser dulce, quien da su apoyo y amor a quien lo necesite, quien con su cariño borra toda clase de dolor, don perfecto de sabiduría, y de entendimiento.
Mujer quien se inclina y te levanta del suelo, quien te reconforta cuando triste y desolado te encuentres.
Mujer dechado de mil virtudes y expuesta a mil desengaños. Capaz de alcanzar lo inalcanzable, de reír cuando la tristeza la está acabando.