Tony Pichs
Nunca serán suficiente las cartas de amor mientras cantar y bailar junto a ti, sean un sueño despierto. Estás infinitamente en mis aplausos, en mis ojos, en mis dedos, y en mi corazón de algodón que retoña en cada pestañear de tu mirada.
El río es a veces obstinado cuando las aves son feroces como los cantos y el viento, al igual que el amor, parecieras dejar sentado los deseos esperando el preciso momento que se animen los actos, para descubrir los ruidos.
Eres mujer y fruta que dejas la tierra hambrienta mas allá de los dulces racimos que ocultan los pecados, me visto de ti, tus besos traen la esperanza a mi lado, al igual que la ternura se acerca a unos medio días llenos de silencio.
Eres distinta a las demás, aún cuando la envidia te mira... princesa ante las rosas que pasan de largo con algunas promesas que te alcanzan, mujer que no se arrodilla ante las lágrimas que caen antes las palmas.
Me gusta tanto tenerte en este camino que me vence, eres tan fuerte ante el dolor que no responde a mis versos, que cuando te miro, amanezco en cada rosa que despierta a tu lado. En ti todos los momentos existen, inclusive cuando intento evitar los errores, pues el viento pareciera ser un tren lleno de mañanas con el olor de tu blusa.
Quizás abrazarnos nos haga bien para que las preguntas quedan en un asombro siempre frente a tus senos, que alegres se derrumban junto a mi pecho.
Quedémonos en esta historia que no olvida nada, y donde no se pierde el tiempo bajo las almohadas, ellas sólo guardan nuestro sudor lleno de caricias prestadas bajo la luna, que es la única testigo de todo lo prohibido sin mirarse al espejo.
Es así como quiero amarte siempre, para que siga tu presencia siendo un suspiro, y para que las sorpresas sigan pareciendo primaveras cubiertas de flores azules, donde nos quede una distancia siempre por alcanzar, y donde el amor nos lleve de manos atadas por los caminos.