Periódico digital del Norte de Tenerife
Susana M. Nino
Somos seres de luz y de amor, nacemos inocentes cargados de buenas intenciones y bellas ilusiones, pero con el correr del tiempo endurecemos como cuero al sol.
Somos alegría y bondad, pero los infortunios nos adelgaza la bondad y nos opaca la alegría. Nos dejamos arrastrar por el rencor, odio y desamor.
Nacemos desnudos y solos, y se nos ha otorgado la dicha de poder edificar un futuro, de conseguir nuestro alimento y techo. De transformar nuestra riqueza espiritual por medio de las buenas acciones y del amor. Pero desafortunadamente en el largo caminar se nos olvida que la bendición tiene una fecha de vencimiento, que la vida que tenemos es un préstamo y que todo tiene un comienzo y un final.
No importa la Nacionalidad, el color de piel o el estatus social y económico que tengamos, al final de la vida estaremos igual como llegamos, listos para departir solos, no nos llevaremos a nadie y nada de lo material.
Entonces de una vez por todas aprendamos a dar al máximo, a entregar siempre lo mejor de nosotros, dejemos tanta alabanza personal, tanto orgullo, evitemos eructar riquezas y lujurias, para llamar la atención... Nada de esto tiene valor alguno.
Se obtiene la riqueza más grande cuando con amor nos entregamos a quienes nos necesitan, cuando compartimos, cuando ayudamos, cuando perdonamos y disculpamos. Somos Ricos cuando nada material tenemos y todo lo espiritual poseemos.
Somos pobres cuando en medio de la abundancia somos mezquinos, cuando tazamos las alegrías y los sentimientos, somos pobres, cuando no sabemos amar, perdonar ensenar y disculpar.
Si nacemos desnudos y con un futuro de luz y brillo y muchas veces morimos desnudos y sombríos.