Periódico digital del Norte de Tenerife
Susana M Nino
Nadie nace con la gloria comprada, la primera bendición esta echada en el momento de la concepción.
Este hermoso momento en donde 2 seres se funden en uno solo y se engendra la bendición de una unión con el retoño de nuestros hijos.
Nacemos con una historia por hacer, con una vida por vivir y cumplir, en ella minuto a minuto irá grabando cada suspiro, respiro, cada pensamiento, sentimiento, alegría, pena, zozobra. Somos tiempo, aire, espacio, no sabemos nuestro destino, pero si podemos labrar nuestros caminos, somos alegría y bendición, pero con el transcurso del tiempo olvidamos que lo somos y tornamos nuestras vidas en tristeza, odio y desencanto, en queja y lamentación.
Caminamos horas, días, meses, años, vidas enteras buscando la felicidad, cuando la felicidad siempre ha caminado a nuestro lado cabizbaja, a la espera de nuestro despertar. Divagamos por el mundo, en senderos, caminos y trochas, estudiamos, trabajamos algunos con pereza otros con afán. Una pereza no entendible, un afán arrollador.
Crecemos, y olvidamos el sentido de la vida, la alegría de la simplicidad, los valores aprendidos y obtenidos. Nos convertimos en producto desechable del propio afán y desmesura, un día despertamos abrumadoramente ante el baldado de agua fría, de una enfermedad, una muerte. Miramos a nuestro entorno y nada tiene sentido, razón, valor. Muchos morirán en vida, otros adquirirán vida y valor, fuerza entereza y lucha.
Si bien pueden observar, la vida es un completo amanecer. Esta en nosotros mismos, en vivirla, batallarla, lucharla con alegría, fé y esperanza. Todo se logra a través del estado mental que tengamos. Al deseo mismo de vivir, de superación. Recordemos que nadie vive nuestra vida, nadie puede sentir, pensar lo que tú vives. Eres dueño absoluto de tus decisiones y opiniones. Se fuerte, levántate, anímate, aunque solo quede un suspiro hazlo con alegría, fuerza, optimismo. Vívelo plenamente, aún no te ha vencido la muerte.... Y cuando ella llegue, recíbela con orgullo, con la cara en alto, porque la vida valió la pena vivirla, sentirla, batallarla, gozarla.
Pero mientras eso suceda, guarda siempre fé y esperanza, porque ellas cerrarán el capítulo de la vida y posiblemente, quizás la llave a una eternidad.
Mi corazón con ustedes. OS AMO!