Periódico digital del Norte de Tenerife
Frente a tu Cristo... imploro.
al Cristo crucificado
en tanto amor inspirado
y en recuerdos que atesoro.
Frente a tu Cristo llorando
le ofrezco mis oraciones
hecho el corazón jirones;
que mi alma le estoy brindando.
Padre, si estás en el Cielo,
si allá nos encontráramos,
cuántas cosas haríamos.
¡Ya elevaría el vuelo!
Buscaríamos, primero
a nuestra madre querida,
cerrando así la herida
de aquel adiós postrero.
Tú que la quisiste tanto
comprenderás el vacío
que sufre el corazón mío
y este desolado llanto.
Sólo me queda rezarles
para estar cerca de ustedes,
entre estas cuatro paredes
y jamás, nunca, olvidarles.
Si cierro los ojos les veo...
que aunque esté despierto sueño.
Desde cuando era pequeño.
¡Ay, madre, cuánto les deseo!