Celestino González Herreros
Como un desgarro que hiriera el silencio
de esta noche, mi corazón se resiente,
y mi alma, ya angustiada, con ello siente,
que esa soledad agranda el sufrimiento.
Como un desgarro que hiriera el silencio
de esta noche, mi corazón se resiente,
y mi alma, ya angustiada, con ello siente,
que esa soledad ahoga al sentimiento.
Este callado lugar, que dice tanto,
recuerda la Pasión del Reo y su muerte,
su mirada buena y expresión triste:
percepción piadosa de exquisito encanto.
Y la oscuridad cubrió la Tierra y el mar,
las luces se apagaron nublando el claro
camino del libertinaje y el desamparo,
mostrándonos una forma especial de amar.
Centuriones milicianos le ultrajaron
cruelmente, obligándole a seguir con la Cruz,
hasta verse eclipsada la única Luz.
Y hasta no poder más le maltrataron.
¡Claro que siento un desgarro!, sólo pensar
que por nuestras culpas sufrió su calvario.
Si al Gran Poder hoy le rezo un rosario,
son mis plegarias que más no puedo aplazar.
¡OH, Señor!, oye el eco de esta letanía,
cuando te digo con mis sentidas palabras
que Tu corazón nos abras
que si tuviera escaleras te libraría...
Y te arrancaría del Santo Madero;
a tu lacerado cuerpo me abrazaría,
y por seguirte, feliz moriría
si pudiera, vengado tu muerte primero.
Este callado lugar, que dice tanto,
recuerda la Pasión del Reo y su muerte,
su mirada buena y expresión triste:
percepción piadosa de exquisito encanto.
Y la oscuridad cubrió la Tierra y el mar,
las luces se apagaron nublando el claro
camino del libertinaje y el desamparo,
mostrándonos una forma especial de amar.
Centuriones milicianos le ultrajaron
cruelmente, obligándole a seguir con la Cruz,
hasta verse eclipsada la única Luz.
Y hasta no poder más le maltrataron.
¡Claro que siento un desgarro!, sólo pensar
que por nuestras culpas sufrió su calvario.
Si al Gran Poder hoy le rezo un rosario,
son mis plegarias que más no puedo aplazar.
¡Oh, Señor!, oye el eco de esta letanía,
cuando te digo con mis sentidas palabras
que Tu corazón nos abras
que si tuviera escaleras te libraría...
Y te arrancaría del Santo Madero;
a tu lacerado cuerpo me abrazaría,
y por seguirte, feliz moriría
si pudiera, llorando tu muerte primero.