Periódico digital del Norte de Tenerife
Esteban Domínguez
Hay algunos políticos en mi pueblo, que parecen saberlo todo. Pero ni siquiera dan en la diana. Fallan como don Cándido Méndez el de la U.G.T. o Toxico el de CC.OO. pero cada uno actúa a su manera y entiende lo que les conviene y cuando le conviene, porque no siempre le conviene decir lo que no le conviene, y miren ustedes como les conviene ahora convocar a los trabajadores a la huelga general ya anunciada por quién le conviene, y los llevan al campo que les conviene pero no dicen lo que les conviene porque perdería lo que les convine, y para evita perder lo que le conviene, prefieren no decir lo que no le conviene, decir.
Ósea que predicar es una cosa, y dar trigo es otra cosita muy distinta. Así actúan los sindicatos, cuando les conviene. Y lo mismo hacen los políticos. Algunos presumían de llevar en sus listas a licenciados en Bellas Artes. Pensaban que con llevar a titulados del gremio, les era suficiente para ganar las elecciones.
No veas como se puso el hombre de contento cuando dijo abiertamente que tenía un gran equipo para ganar las municipales y añadía que su plancha era inmejorable; que llevaba licenciados. “Arquitectos y aparejadores y banqueros” le faltó, para redondear la faena. Y algunos se lo creyeron. Sólo los suyos. Porque hasta los gatos, bajaron la cabeza, y los ratones hicieron las pases con el queso. Todo estaba hecho. Lo tenían pensado. Pero sus cálculos, les fallaron, y hasta el cable de la magia, se negó a soportar la carga que les venía encima. La edad cronológica es una cosa, y la biológica es otra. La longevidad nos lleva al centenario, y el pelo recupera su color primitivo pasado este tiempo. En política los longevos, superan el centenar de cantares mañaneros.
El otro día en el Viera y Clavijo salió la conversación. Yo le había dicho al jefe que ese señor como político no servía. Que nos defraudó mientras gobernó. Que no dio la cara en los mementos precisos y que no era el hombre que el pueblo necesitaba para tirar para adelante porque una parte muy importante del mismo la había olvidado. Estaba muy cómodo en el sillón. Se encontraba a gusto. No sabía dar órdenes ni cumplirlas. El sólo se estrelló sin que nadie lo empujara y ya ven como acabó. En la oposición y el bastón de mando, se le cayó de las manos. Se veía venir, y se vio limpiamente, el 22 de mayo.
Hay veces que los presagios nos hacen cambiar de opinión. Y su “patriotismo local” lo tiró a la piscina vacía.