Ángel Ferrero Machado
Persiguiendo la ruta de la flecha,
muñido de sabios silencios,
de paciencias de indio,
de frecuencias que provee la experiencia
voy en calma, lento pero voy.
Ya no atañe tanto el entorno o su decir,
cada día menos espero de ellos.
Espero sí de la magia genial de la existencia,
de sus duendes todos,
de sus reyes de bronce,
de sus fenómenos ilógicos
de migajas regando caminos.
Oigo los deciros como ceremonias ajenas
cuando estas chocan con sus realidades,
sus cotidianeidades que descifro fácil
de tan contrarias en acciones.
Dejo que la brisa tense el arco vital
que nos revuelca y nos lanza,
nos arroja como piedras al muro de cieno
sabiendo que alguno traspasará la materia.
Quizá sea yo o quizá nunca suceda
o me atasque dividido entre dos unidades de medida,
la de aquí y la del todo por supuesto.
Voy creciendo y maduro como un roble
que alguna vez casi pudre entero,
entre torrenciales diluvios y tormentas
pero crezco.
No me atañen las leyes que pretendan imponerme
los mortales finitos y falaces,
se mienten cada ahora y procuran
que coma esa mentira como postre.
Mi filosofía no es mía,
ella brota de los anchos rayos de los soles,
de la tierra que se abre y enseña
un muerto que no ha muerto.
Un niño jubiloso correteando,
un alma secular que nos aúna.
Mi saber parte de suicidas que purgaron sus culpas,
de dolientes soldados mutilados revividos,
de clarear de días luego de la muerte,
de hormigones engreídos ,
quebrados a destajo en segundos.
Mi camino no es mío, es el asignado
por verdaderos corceles del espacio,
por legítimos arquitectos celestes,
por alquimistas no humanos,
por ancianos de siempre murmurando en...
Voy despacio pero voy,
trastabillo de torpe, de falible,
de obstinado a veces
pero voy.
Que digan lo que quieran,
que maldigan mi nombre al ver mi espalda,
que sus voces alimenten su patraña a expensas mías,
que se alíen con cientos si prefieren para sostener su farsa.
Yo persigo la ruta de la flecha y persisto
muñido de sabios silencios
con la paciencia que otorga la experiencia.