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Periódico digital del Norte de Tenerife

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QUÉ BONITO ERA EL PUERTO DE LA CRUZ

¡QUÉ BONITO ERA EL PUERTO DE LA CRUZ EN NAVIDAD!

 

Esteban Domínguez

 

1 ESTEBANRecuerdo como si fuera hoy como se vestía de gala la ciudad turística del Puerto de la Cruz. Eran los años 70, cuando el ambiente navideño daba ese toque de esperanza, ya no sólo para los hoteleros, sino también par todo aquel que trabajaba en ellos. Mujeres ilusionadas al igual que los hombres, intentaban dentro de sus centros de trabajo realizar autenticas fantasías. Unas hechas de margarina, otras de corcho y muchas de botellas de licores que llamaban la atención de aquellos poderosos huéspedes que elegían la ciudad turística y marinera, para disfrutar y descansar. La Avenida de Colon, el paseo de San Telmo, la Plaza del Charco completamente iluminada y convertida en centre neurálgico navideño por la cantidad de turistas que en esos días tan importantes, se daban cita.

La Calle Blanco, la de San Juan, la Plaza de la Iglesia de Ntra. Sra. de Francia, la Ermita de San Telmo… todo era un escaparate que en aquellos de guirnaldas  años atraían ya no sólo a los turistas sino del mismo modo, a muchos visitantes de otros pueblos cercanos como eran Los Realejos, La Orotava, Santa Ursula, y otros tantos del Norte de Tenerife. También la presencia de gentes de santa Cruz y La Laguna, se hizo notar considerablemente. Época aquella de las “vacas gordas”.

Allí en la noche de Fin de Año, la ciudad se convertía en un palacio. La alta clase social extranjera y la propia  de estos lugares ya señalados, acudían a oír las doce campanadas que daban paso al Año Nuevo. Y el Puerto de la Cruz iluminado magistralmente, se convirtió en el lugar escogido para celebrar estas entrañables fiestas.

Tiendas, comercios y bares lucían sus mejores atuendos navideños. La concurrencia disfrutaba  a pesar del frío de diciembre tan cerca del muelle pesquero, el aire fresco y que sólo la copita de champán calentaba de buena manera el ánimo y las ganas de diversión de tanta y nutrida concurrencia.

En los hoteles como el San Felipe, Las Vegas, Martiánez, Semiramis y Botánico se ofrecían los mejores menús confeccionados con el máximo esmero. Y las mejores orquestas ayudaban a toda aquella distinguida clientela, a repetir en posteriores ocasiones.

Los profesionales de la gastronomía en Canarias estaban en el Puerto de la Cruz, y entre ellos recuerdo Al Sr. Alonso, Jefe de Cocina del Hotel San Felipe, t a un gran jefe de pastelería del mismo hotel, don José María Borbonés Carlos, una de las manos mas afamadas en aquellos años de los manjares que ponían el broche de oro a las célebres cenas de Navidad y Fin de Año como era el tan esperado postro. Todo ello ayudados por sus segundos, ayudantes y pinches.

Animación por todo lo grande en el Rancho Grande. En el hotel Bélgica, y tantos otros de reconocido prestigio como lo fue y es el Marquesa.

Hablar del Puerto de la Cruz y de estas Fechas Navideñas de aquellos años es nunca acaban y creo e el Centro de Iniciativas y Turismo C.I.T. debe de editar un libro donde se recojan con total claridad, lo que era en el pasado las Fiestas Navideñas y todo lo concerniente a ellas y las que ahora nos está tocando vivir.

Los Hoteleros deben de poner de su parte mas empeño, y levantar tantas piedras que se han caído después del arranque turístico del Sur de la Isla, porque fue la ciudad portuense, la que recibió los elogios más elocuentes de tantos visitantes que repetían y que a partir de octubre-noviembre, ya tenían sus reservas.

Otro hotel que destacó, fue el “Orotava Garden” e plena Avenida de “Las Palmeras” como popularmente la llamaban, y San Dorondón a pesar de ser un establecimiento hotelero, destacó por su excelente servicio.

El Botánico hotel de gran prestigio y conocido en medio mundo, era el “predilecto” entre los grandes hoteles portuenses. Y en el estuve  mas de 36 años, junto a un gran jefe de cocina como lo fue don Jesús Rodríguez Manzaneque y Agulo.

Por este establecimiento hoteleros pasaron muchas y altas personalidades como los Reyes de España, Jefes de estados, Presidentes de  gobiernos actrices, cantantes de fanal internacional y un largo etc.

Pero no quiero terminar este comentario navideño sin mencionar al Hotel Tigaiga, cuyas pareces levantó don Enrique Talg. Empresa que ha continuado su línea gastronómica y el más galardonado de Canarias. Por eso y por el éxito alcanzado desde su fundación, los clientes que lo visitan quedan sorprendidos de sus espléndidos jardines y de su excelente cocina. La que dio lugar ha abrir sus puertas con profesionales bien preparados, y la que a seguido manteniendo desde su inicio.

Mucho queda por decir del Puerto como la Primera Ciudad Turística de Canarias, pero también es verdad que

El Sur de la Isla tiene grandes y lujosos establecimientos hoteleros ayudados por el sol que hacen posible que tenga una gran clientela casi permanente, con un hotel, el Bahía del Duque que es todo un espectáculo.

Por todo lo dicho y por lo mucho que queda por decir, el Puerto de la Cruz debe poner toda la carne en el asador y sus autoridades ponerse manos a la obra, porque desde hace muchos años, el Puerto ha ido perdiendo credibilidad.

Esperemos que los mandatarios portuenses, intenten no dejar enfriar estas Navidades que tan gratos recuerdos nos traen, y que el turismo, el selecto disfrute de lo que ahora mismo el Puerto de la Cruz ofrece que no es mucho, pues ya sabemos que los altos mandatarios tinerfeños se nos han ido a el Sur. Y se han olvidado de esta ciudad que mucho le dio de comer gracias al turismo, a muchas familias de la isla.

Y para don Marcos Brito Gutiérrez, que intente mejorar lo presente, no solo en estas Navidades donde las flores de pascua adornan y decoran muchos rincones portuenses, sino que esa vieja promesa del Puerto deportivo se haga realidad de una vez y para siempre.

 

Y como punto final, rogar al Niño Dios nacido en Belén,  que bendiga y proteja, no solo a los emprendedores turísticos, sino a todas aquellas humildes personas de buena voluntad en tiempos de crisis como la que estamos padeciendo, y que el Puerto de la Cruz vuelva a ser lo que antes fue: una cuidad cosmopolita, dinámica y alegre donde no falte el pan de tantas familias que lo buscan y no lo encuentran.

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