Periódico digital del Norte de Tenerife
Mira cómo caen las hojas
y las moribundas flores.
¡Cuántas yacen en el suelo!
En cambio las rosas rojas,
las que nos inspiran amores
no necesitan consuelo.
Recuerdo las tardes de otoño
bajo aquel árbol florido,
cuántas veces las vimos caer,
las hojas del tronco muertas
en nuestros vacíos huertos
y a la flor palidecer...
en llegando el atardecer
cuando comienzo a entristecer
pienso en los nuevos retoños...
Y así calmo mi soledad,
viendo moverse sus sombras,
cuando pasan las alondras
disfrutando su libertad.
Si gime la brisa al pasar
al ver tan desiertos mis huertos
como si estuvieran muertos,
comprendo no pueda callar.
Grises tardes otoñales
de paisajes melancólicos,
cuyos perfiles bucólicos
lucen sus mustios hierbales.
Hoy, solo, veo caer las hojas
y a las flores palidecer
y nada será como ayer...
¡Ah, aún quedan rosas rojas!