Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuente Melián
En tiempos de Don Bosco—según la opinión de algunos ex alumnos que luego se separaron de la doctrina salesiana-- la crueldad y el sadomasoquismo fueron frecuentes. En las homilías, pláticas o sermones cotidianos Don Bosco les contaba a los niños, por poner un ejemplo, que uno de ellos– exactamente uno, que Don Bosco sabia, pero que no iba a decir— moriría cuando pasase un tiempo determinado. Mas este relato seguramente lo tomaba la mayoría de los niños superficialmente, quizá un poco a guasa. Pero habría algún santurrón, tipo Domingo Savio, que se lo asumiría muy en serio, y sufriría y se contendría para estar en gracia de Dios todo el tiempo, por si acaso fuere él el designado.
Si damos un salto hacia nuestro tiempo, fijémonos en el aún reciente paseo de la urna y la reliquia de Don Bosco por las calles principales de La Orotava. Y como contrapunto pongámonos en el lugar de aquellos Antiguos Alumnos Salesianos de la Villa, que ahora andan por este mundo tibios de corazón, ateos o agnósticos perdidos; en fin, unas auténticas —por usar el argot bíblico—ovejas descarriadas. Que no quepa duda: estos también fueron niños sujetos del comecocos de los sermones sobre los peligros de la muerte y el infierno, en la sufrida tanda anual de ejercicios espirituales por la Cuaresma. Pero la mayoría de los niños ‘pasábamos’ bastante de aquellos sermones, alegatos ‘per se’ tan inmisericordes como apabullantes que olvidábamos al poco tiempo. Muy pocos de este grupo de disidentes y pasotas, presenció la procesión de la reliquia por La Villa.
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