Periódico digital del Norte de Tenerife
Qué sensación de impotencia
viendo apagarse su vida
casi del todo consumida.
¡Qué corta es hoy su existencia!
Ahora, sin saber qué hacer,
desespera la idea...
cuando en mi triste rostro lea
que ya no habrá amanecer…
Sombras del conticinio
que perpetuarán mi dolor,
sintiéndome sin el calor
que me robó tal designio.
Se está muriendo la mamá,
sólo nos queda rezarle,
para que Dios pueda darle
la dulce paz del más allá.
Y, si a ella le pudiera dar
de esta miserable vida
lo que me quede por gozar,
lo haría y por ella moriría.