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Periódico digital del Norte de Tenerife

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UN AÑO MÁS

Un año más Icod de los Vinos prepara sus tradicionales “hachitos

 

·       Cientos de personas participan de forma voluntaria en la organización de esta fiesta centenaria

·       El Amparo, Las Canales y La playa de San Marcos son los puntos de principal interés en esta noche mágica.

 

Ayutamiento de Icod de Los VinosCon el principio del verano llega la celebración del solsticio de verano, el día más largo del año, una tradición que se celebra en casi todas las culturas pre-cristianas, con celebraciones que incluyen el fuego como forma de ayudar al sol a vencer en su lucha contra la oscuridad, que representaba la noche y el frío del invierno, con la llegada del cristianismo la fiesta  se adaptó a las nuevas creencias, abandonando su  origen pagano, bajo la celebración de la Noche de San Juan, aunque manteniendo todos sus rituales ancestrales.

La celebración ha ido tomando, con los siglos, diferentes formas a lo largo de nuestro país, cada una con su esencia y personalidad propia, todas ellas relacionadas con el fuego, aunque es en Icod de los Vinos donde la noche de San Juan es vivida con mayor seguimiento y participación popular,  de esta manera, los vecinos de los diferentes barrios del municipio, han desarrollado una forma diferente de celebrar con fuego la llegada del verano esa madrugada del 24 de Junio: los Hachitos.

Los hachitos son una especie de estandartes de distintas medidas (1, 2 ó 3 metros de altura), con uno o varios brazos dependiendo de la zona, cuya estructura es sujeta por una traviesa que facilita el que se cargue al hombro. También existen otros más pequeños para ser cargados por niños. Por norma general se hacen de madera y en sus extremos se colocan unas cacharros o latas con trapos empapados en petróleo para hacer las antorchas y mantener el fuego. Los hachitos tienen diferentes formas y se suelen decorar con distintos motivos usando ramas, flores o cintas..

Todos los hachitos son diferentes, fabricados artesanalmente por los vecinos de los barrios de Icod, y en los que cada uno trata de poner su imaginación al servicio de la fiesta, pueden contarse cientos de ellos a lo largo de los diferentes barrios que mantienen esta original tradición, aunque hay tres núcleos destacados en esta celebración y cada uno de ellos mantiene diferencia con respecto a la forma de expresión de los otros : 

 

 

 

Las Canales: Los hachitos de las canales cuentan con tres brazos  que al llegar a lo alto del monte se les prende fuego, dibujando cada uno su propia imagen en llamas sobre la ladera, momento en el que el encendido de una monumental cruz, que se puede ver a kilómetros de distancia, se convierte protagonista. También en Las Canales  se realizan las famosas Bolas de Fuego, que son sacos de hilo rellenos de piñas secas que se cierran cosidos y se envuelven con alambre para darles forma esférica y que, una vez en llamas, son lanzados cuesta abajo en clara referencia a las lavas del volcán descendiendo por la ladera.

El Amparo: Los hachitos realizados en El Amparo, al igual que los de Las Canales, tienen tres brazos, una vez entrada la noche se sale  en procesión con antorchas alrededor de la imagen de San Juan, a esta comitiva se les suman los transportadores de los hachitos que los llevan,  por las laderas cercanas, en una romería multicolor, y  con  un ambiente festivo, en el que el ritmo lo marcan  las agrupaciones musicales interpretando Tajarastes con flautas, tambores y acordeones.

San Marcos  los llamados hachitos de la playa se caracterizan por tener un sólo brazo, los portadores se concentra en las laderas cercanas y, una vez encendidos, bajan hasta la orilla de la playa, al ritmo de la música tradicional canaria, donde terminarán con un gran baño en el mar, como acto de purificación en esta mágica noche 

El origen de esta fiesta ritual se suele en la época anterior a la conquista de la isla por la Corona de Castilla, en el siglo XV, cuando los guanches aún vivían en su propia cultura y adoraban al volcán como lugar dónde residía el Guayota, nombre que daban los aborígenes al diablo, que escupía fuego al enfadarse.

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