Celestino González Herreros
Oí sonar las campanas, el eco llegaba traído por la suave brisa y dejaba en mi alma la sensación sublime del recuerdo, algo desvanecido por el tiempo ya pasado. Pero era el mismo canto que sintiera antaño, ¡su canto! Cuando bajaba corriendo por los atajos en busca de ella, para encontrarnos en la puerta del templo, antes que comenzara el santo oficio de la sagrada Misa. Nos sentíamos unidos por los mismos pensamientos, volver a vernos al salir de la Iglesia, poder andar a su lado y en la bifurcación del camino, más tarde irnos cada cual por su lado, hasta la próxima semana. Así nació un sentimiento que se convirtió en amor.
Pasaron los años y las viejas costumbres cambiaron, se abrieron nuevos caminos y en su constante transformación, uno fue dejando anulados los infantiles conceptos, maduramos también por dentro y vimos más lejos buscando nuevas sensaciones y experiencias, nos instruimos con el tiempo, para luego volver, ya viejos nuestros cuerpos… Y andar por aquellos senderos en busca de las cosas perdidas de la infancia, e inútilmente, seguir sin hallar el consuelo de oír la voz amiga, la risa amada, en la alborada de cada domingo, despierta por las mismas campanas del rancio campanario, la ternura de aquellos momentos vividos tan intensamente.
Hoy veo muchos senderos que antes no existían. Contemplo con nostalgia el único que había, ahora solitario, cubierto por la hierba que ha borrado nuestras huellas y al final del camino sólo queda ya el retorcido y triste árbol, donde solíamos detenernos simulando cansancio y acabar de grabar el tatuaje en su duro tronco, de nuestros corazones en sólo uno fundidos, lo único que he hallado… Mis manos temblorosas ahora lo acarician y siento, como si estuviera a mi lado, siento su cálido aliento traído también por esta suave brisa que acaricia.
JUEGOS DE ADOLESCENTES
¡Cómo despiertan mis sueños
en la alegre primavera!
Recuerdo la vez primera
jugando entre los pequeños.
Como si de ti reviviera
aquel añorado instante…
Y otra vez el Sol radiante
con su calor nos envolviera.
Cómo despiertan mis ansias
al recordar el momento
que, sin proferir lamento
aceptabas mis caricias.
Y se apagaba mi pena
siempre que oía tu canto
al enmudecer tu llanto
y contemplarte serena.
Presente la primavera
todo comienza a vivir
y en mi corazón a sentir
lo que ayer yo sintiera.
Siento brotar mi alegría
como flor que se abriera
y mi corazón ardiera
al renacer la vida mía.
Despertar entre embelesos
con aromas resurgidos
y los recuerdos vividos
entre caricias y besos…
Como si fuéramos niños
adolescentes jugando,
los primeros pasos dando
e intercambiando cariños.