Periódico digital del Norte de Tenerife
José Melchor Hernández Castilla: Secretario de la Asociación Wolfgang Köhler.
“Con Paco Jordán aprendí a conocer y amar al Parque Taoro del Puerto de la Cruz”
La planificación del territorio es la piedra angular sobre que descansa el desarrollo y el crecimiento de una ciudad. Hasta hace unos años, la mayoría de los municipios de Tenerife excluían los aspectos sociales y ambientales dentro de una planificación de carácter exclusivamente de tipo económico, padecían de algo parecido a un analfabetismo medioambiental.
Un caso común ha sido el del Puerto de la Cruz, el cual ha padecido de aculturación (al centrar toda su atención en la economía turística), de desarraigo con la llegada de masas migratorias, de deportación de barrios enteros al extrarradio, de contaminación de acuíferos, barrancos y costas. Y a pesar de esta traumática experiencia pasada, parece que el Plan General de la localidad sigue sin contemplar estas variables ambientales y sociales, vitales, entre otras cosas, para evitar el derroche del escaso recurso del suelo. De ejemplo vale el Plan Integral de Martiánez, que desaprovechó la doble condición del suelo: en superficie, como vía o paseo, y en subterráneo, como aparcamiento. Otro tanto ocurre con el paisaje, un recurso patrimonial público, denominado por el Plan Insular de Ordenación de Tenerife (P.I.O.T.) como “bien económico colectivo”; así, el acondicionamiento integral del Lago de Martiánez se ha olvidado de suprimir de la zona del Lido de San Telmo los elementos visualmente obstaculizantes, que se encuentran en zona de servidumbre pública. Otro punto prioritario para la ciudad debería ser la reducción del tráfico; sin embargo, en el año 2005, el Consistorio del Puerto de la Cruz preveía el ensanche de las calles Cupido-Valois, a costa de la destrucción de un casa del siglo XVIII (casa de la familia Sotomayor-Luz) y la afección del palmeral de Paseo de Las Damas, con el objeto de aumentar el número de vehículos que transitan dentro de la ciudad, algo contrario a los nuevos modelos de ciudades saludables.
Se podía leer, en el periódico de EL DIA, del 27 de febrero de 2006, “la actuación que se registra en el Parque Taoro hay que integrarla en un triángulo operativo para el desarrollo de las grandes infraestructuras que marcarán el despegue de la ciudad, como el muelle pesquero y deportivo, con dimensión turística y comercial, la reforma del complejo Martiánez y su integración en la avenida Colón y la restauración de la ladera de Martiánez…”. A la sombra de lo dicho anteriormente, el 15 de septiembre de 2006, concluirá la primera fase del acondicionamiento del Camino de La Sortija, en el Parque Taoro, y creo que Paco Jordán sonreiría satisfecho al ver que se ha respetado, en esencia, el espíritu del pulmón de la ciudad; y aunque no puedo saludarlo físicamente porque ya no está aquí, me lo imagino caminando por el camino de La Sortija, un camino ahora de tierra, como el quería, una camino que debería llevar su nombre: Francisco Jordán Castro. Paco Jordán ha convertido el asfalto en tierra, y el maestro lo ha conseguido con su sencillez, su tenacidad y su claridad de ideas.
Paco, no te echaré de menos porque sigues con nosotros, y siempre podré verte cuando quiera visitar el malpaís del Taoro, su flora y sus líquenes. Gracias Paco, por estar aquí.