Periódico digital del Norte de Tenerife
Rafael Cerrato Salas
"La salvación de los hombres de este mundo se encuentra en el corazón del hombre, en el poder humano para reflexionar, en la mansedumbre humana y en la responsabilidad humana."
(Václah Havel sobre Kundera)
El día 18 de este mes, hará tres meses que se produjo la muerte de uno de los hombres, para mí, más importantes que ha dado el siglo XX. Sin embargo, al haber coincidido con la del sanguinario dictador coreano, Kim jong il, los principales medios de comunicación, prefirieron dedicar sus espacios a esta última noticia.
He estado esperando tres meses, pero puesto que el tiempo va pasando y todo el mundo parece olvidarse, me he decidido a ofrecerle con estas letras, mi pequeño homenaje:
El día cinco de octubre de 1.936, en una Europa convulsa, en la que ya había estallado la guerra civil en España, el fascismo iniciaba un camino que hacía presagiar la llegada de una negra etapa para Europa y el comunismo había sumido en la oscuridad a Rusia amenazando gran parte de Europa, nacía en Praga en el seno de una familia burguesa (su padre fue empresario cinematográfico y su abuelo materno había sido un famoso diplomático y periodista) el joven Václav, testigo poco después de la invasión de su país por las tropas de Hitler y de la implantación del comunismo a continuación, teniendo que formarse y recibir una educación escolar, entre estas dos tendencias totalitarias, lo que influiría decisivamente en su futura vida.
Parece ser que con tan sólo dieciséis años, en 1951, tuvo sus primeras discrepancias serías con el comunismo y sus primeros contactos con el mundo teatral, quedando vinculado a este género para el resto de su vida. Empezó en pequeños teatros, ejerciendo de actor, tramoyista y cuantas funciones fuesen necesarias. En aquellos pequeños teatros con poca cabida de público, donde era posible estar más en contacto con el espectador y conocer sus intimidades e inquietudes, cosa que evidentemente no podía suceder en los grandes espectáculos, fue donde empezó su deriva política, contra aquel régimen que oprimía las libertades del pueblo checo.
Havel trabajó también por entonces como asistente en un laboratorio de química y se matriculó en la facultad de Económicas de Praga, comenzando al mismo tiempo a estudiar arte dramático por correspondencia. Posteriormente, estudió Teatro en la Academia de Artes de Praga entre los años 1963 y 1967 y en 1964 contrajo matrimonio con Olga Šplíchalová, una mujer de origen obrero.
Su primera obra “Fiesta en el Jardín” la escribió durante el servicio militar, donde también enriqueció su experiencia teatral y fue con ella cuando su voz y su pensamiento ganaron prestigio consiguiendo definir una identidad artística unida a un alto grado de compromiso frente a las circunstancias políticas de su país.
Ya desde esta primera obra apelaba a la responsabilidad del ser humano para mejorar y transformar el mundo, y más en aquella sociedad dominada por la Unión Soviética y el comunismo, en la que no había posibilidades de libertad y el inmovilismo y la apatía eran las tónicas, pareciendo imposible de transformar. Por ello, dio un paso adelante y se convirtió en político para tratar de despertar a su pueblo y aportar en ese cambio lo mejor de sí mismo.
En 1965, publicó “El Memorándum” y colaboró con el grupo de escritores en el entorno de la revista Tvar.
Su gran influencia inicial fue el teatro del absurdo. Sus obras son representativas de aquella época donde el lenguaje predeterminado define la vida de los personajes, que se adaptan como pueden al dominio de la palabra “oficial” hasta desaparecer como individuos, para de esta manera intentar sortear la férrea censura.
Años mas tarde diría sobre aquella etapa: “Nunca quise ser un escritor político. Creo que los buenos escritores y el buen arte y, en particular, el buen teatro, siempre son políticos, pero no porque los escritores y los directores quieran ser políticos sino porque es algo inherente a la esencia del teatro“.
A mediados de los 60 ya era un dramaturgo que gozaba de éxito y prestigio, y también una referencia ideológica. Su imagen como referente cultural y político hicieron que el ciudadano Havel se convirtiera en un disidente destacado que trataba de denunciar mediante la palabra, la falta de libertad de aquel comunismo que le oprimía, hasta que llegaron los tanques y el neo estalinismo
Durante la Primavera de Praga de 1968, Havel que ya tenía establecida su fama como autor teatral, participó en conservatorios y en programas de radiodifusión apoyando las reformas políticas postuladas por Alexander Dubcek, pasó de la literatura a la acción y como presidente del Club de Escritores Independientes apoyó la «Primavera de Praga». Se opuso a la invasión soviética de Checoslovaquia que siguió a estos sucesos, lo que le costó la prohibición de sus obras y su destierro a la ciudad de Trutnova.
Fue hostigado con dureza por su defensa de los derechos humanos a lo largo de la década de 1970, escribiendo manifiestos públicos en contra de la censura previa y reclamando la "discusión abierta" de los problemas económicos y políticas que, el régimen comunista negaba u ocultaba.
Quedó prohibido representar o publicar su teatro y se convirtió en una sombra repudiada o temida por su cercanía. Obligado a trabajar en una fábrica de cerveza, escribió “Audiencia”, una obra sobre el abismo que separa al intelectual del obrero, e “Inauguración” donde una pareja recibe a un amigo que trata de sobrellevar su penitencia política y se encuentra frente a un delirante mundo donde el miedo, el consumo y los clichés han anulado a aquellos seres humanos que fueron sus amigos.
Havel fue uno de los fundadores del movimiento Carta 77, una declaración que pedía a los dirigentes de Checoslovaquia adherirse a los principios que se habían comprometido a ratificar en la Declaración de la ONU sobre los Derechos Humanos siendo su primer portavoz fue Václav Havel, y en la que imprimió su magisterio moral el fenomenólogo Jan Patocka.
En torno a este documento se formó el primer núcleo de resistencia organizada contra el régimen, seguido por "no marxistas" y gente de la llamada "zona gris", o gente de las estructuras oficiales. Eten núcleo se componía de una multitudinaria masa de artistas, científicos, periodistas y funcionarios que estaban en contra del régimen pero no manifestaban abiertamente su oposición ya que temían perder su empleo. Por ser su portador Václav fue acusado de sedición y condenado a prisión en 1979; experiencia que aumentó su fama de disidente dentro y fuera de Checoslovaquia. Tras su liberación en 1984 Havel continuó dedicado a las actividades políticas y su prestigio, causó que en 1989 alentado por la Perestroika ya establecida en la Unión Soviética, recuperara su empuje inicial.
Cinco años de cárcel, y el hundimiento personal fueron el precio que tuvo que pagar. Del encierro surgieron las emotivas “Cartas a Olga”, canto de sensibilidad y esperanza en horas difíciles. Todo ello acabó reflejado en su teatro: su depresión, su impotencia ante el absurdo de la crueldad. Su incapacidad de cambiar la realidad y la imposibilidad de alcanzar sus ideales le fue anulando como persona. Llegados los años 80, escribió “Largo Desolato”, consiguiendo seguramente el mayor reconocimiento de su carrera a nivel internacional. A partir de ahí, el salto a la política. Havel, fue realmente dramaturgo, hasta que la política devoró su identidad artística y prácticamente dejó de escribir para el teatro.
Convertido en un símbolo de la lucha por las libertades, cuando las reformas de Gorbachov en la Unión Soviética debilitaron la posición de la dictadura comunista en Checoslovaquia, desde su puesto en la fundación del Foro Cívico en el que quedó aglutinada la mayor parte de la oposición cuando los estertores del comunismo se extendieron por Europa tras la caída del Muro de Berlín en 1989, tomó nuevamente el camino de la vanguardia, siendo arrestado en enero por sus protestas y liberado pocos meses después tras la marea de protestas que los estudiantes desencadenaron en las plazas y calles
Una vez en libertad encabezó la llamada «Revolución de Terciopelo» de septiembre de 1989, que fue apoyada por una gran movilización popular, consiguiendo el desmantelamiento de la dictadura sin derramamiento de sangre e instauró en Checoslovaquia un régimen democrático, del que el propio Havel fue elegido presidente en diciembre de aquel año, cargo que le fue confirmado tras las elecciones de 1990. Defendió una línea política europeísta y democrática, marcada en lo económico por las reformas liberalizadoras del primer ministro Václav Klaus.
Pero el coste social del desmantelamiento de la economía planificada, especialmente gravoso para la atrasada Eslovaquia, acabó exacerbando el nacionalismo eslovaco.
En 1992, se iniciaron las negociaciones entre checos y eslovacos, con el objetivo de crear dos países: la República Checa y Eslovaquia. Havel dimitió oficialmente como presidente de Checoslovaquia el 20 de julio de 1992. para no participar en esta división, a la que se opuso frontalmente. El 1 de enero de 1993 se hizo efectiva la partición de la antigua Checoslovaquia en las nuevas repúblicas.
Una vez constituida la República Checa, Havel fue elegido presidente por su Parlamento en 1993. Desde su cargo promovió el ingreso en la OTAN de la República Checa y de los países del antiguo Pacto de Varsovia, que se haría efectivo en 1999, reforzó los vínculos estratégicos con Estados Unidos. y requirió que la República Checa se integrase algún día en la Unión Europea lo que alcanzó en el 2004.
Hacia el final de su primer mandato, en noviembre de 1997, presionó al primer ministro Václav Klaus para que presentase su renuncia; el gabinete de Klaus se había visto implicado en un caso de financiación ilegal que había provocado ya la dimisión de ocho de sus ministros. Reelegido presidente en 1998, se mantuvo en el cargo hasta el final de su mandato en 2003, a pesar de sus problemas de salud.
Diagnosticado de cáncer al pulmón en 1996 en ese mismo año enviudó; pese a ello Havel postuló a la reelección en 1998 y venció en los comicios. Tras agravarse su salud por una ruptura de colon, abandonó el cargo presidencial en febrero del 2003, siendo sucedido por su rival político Václav Klaus. Tras el fin de su carrera política, Havel volvió a su actividad de dramaturgo y conferencista.
Su última obra, titulada “Retirándose”, se estrenó en 2008 cuando ya estaba apartado de la política activa.
Con su muerte producida el 18 de diciembre, ha muerto uno de los símbolos de la lucha contra los totalitarismos del siglo XX.
Pero para la cubanos, esta muerte es significativa de una manera muy especial, ya que Václav Havel fue el primer presidente de un país salido del telón de acero que rompió con el régimen de Fidel Castro de una manera completa y definitiva. Lo hizo apenas asumir el cargo de presidente de Checoslovaquia. Ni siquiera esperó a que se separaran las Repúblicas de Eslovaquia y Checa. En marzo de 1990, Checoslovaquia fue uno de los países que patrocinaron la resolución de condena al régimen de La Habana presentada en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra por violar los derechos humanos. En el verano de aquel mismo año, cuando varias embajadas occidentales fueron ocupadas por cubanos desesperados por salir del país, la sede diplomática de Praga no fue la excepción. Un grupo de cubanos pidió asilo en ella, para después abandonarla.
En el discurso del 26 de julio de 1990, Fidel Castro se quejó del trato que los checos ofrecieron a los cubanos allí refugiados, debido a que consumieron “salchichas y cervezas”, lo que consideró “una fiesta”.
Los representantes diplomáticos checos siempre han mantenido contacto con los opositores y disidentes cubanos. Jamás las puertas de la embajada de Praga en Cuba estuvieron cerradas para ellos. Siempre fueron invitados estos a las recepciones y fiesta que se realizaban por las fechas nacionales.
Durante tres años consecutivos, 1999, 2000 y 2001 la Republica Checa presentó ante la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra la resolución de condena a Cuba como un país donde se violaban las libertades fundamentales del hombre y los derechos humanos. En las tres ocasiones el gobierno de La Habana fue señalado por la mayoría de los miembros como violador. La sede diplomática checa en Cuba, en la Avenida Kohly y 41 y 43 en Nuevo Vedado, fue objeto de un acto de hostigamiento organizado por las autoridades en abril del 2000, tras la resolución de Ginebra contra la violación de los derechos humanos en la isla. Según La Habana, unas 100 mil personas desfilaron frente a la embajada checa protestando por la autoría de la crítica hacia Cuba en la Comisión de Derechos Humanos.
En septiembre del 2002 visitó Miami, reuniéndose con los hombres del exilio cubano; fue su última visita como jefe de Estado a los Estados Unidos y la primera a la Florida. En el discurso pronunciado en la Universidad Internacional de la Florida (FIU), explicó el porqué de su elección: “Soy yo quien ha elegido Florida y lo he hecho para saludar, desde aquí, a todos los cubanos, es decir, a los que viven aquí y también a los que tienen su casa en la isla”.
Cuando dejó la presidencia checa en febrero del 2003, siguió vinculado con el proyecto de democracia hacia Cuba. Lo hizo, según declaró, porque en esos días que abandonaba el Castillo de Praga, en Cuba se detenía y condenaba a 75 opositores.
En septiembre de ese mismo 2003, fundó el Comité Internacional por la Democracia en Cuba (ICDC), con sede en Praga.
En el 2004, se organizó en Praga la primera conferencia. En el ICDC logró unir a ex mandatarios con experiencias en democracia, transiciones e interesados en una futura cuba democrática, entre otros: como de España (José María Aznar), Costa Rica (Luis Alberto Monge), Uruguay (Luis Alberto Lacalle), Bulgaria (Filip Dmitrov), El Salvador (Armando Calderón Sol), Letonia (Mart Laar), Chile (Patricio Aylwin, Eduardo Frei), Nicaragua (Violeta Chamorro), Guatemala (Virginio Cerezo) y Hungría (Arpad Goncz).
Nunca faltó su firma para denunciar los arrestos a opositores cubanos, ya que, por haberla sufrido en carne propia, entendía mejor que nadie las tácticas de hostigamiento y represión que se efectúan en Cuba.
En mayo del 2006, escribió en la prensa internacional un artículo titulado “El discreto terror de Fidel Castro”, donde expuso la alevosía de los actos de repudio, que ocurren constantemente en La Habana y decía: “Nunca debemos olvidar a las víctimas aparentemente anónimas de los ‘actos de repudio’ de Castro”.
La muerte de Havel hace hoy tres meses fue una noticia tremendamente dolorosa para todos los cubanos, en Cuba y en el exilio. No solo por su trascendencia simbólica para la defensa de los derechos humanos y las libertades ciudadanas, sino por su liderazgo, de viva voz y acción, en los esfuerzos internacionales por una Cuba democrática que él se encargó de legitimar en los últimas dos décadas.
Sin lugar a dudas que con la muerte de Václav Havel, la causa de la libertad de Cuba perdió uno de sus mejores amigos, Este gran Hombre fue un ejemplo de lucha en contra de la ideología comunista, en todo el mundo.
Pero en La Habana nadie quiso darse por enterado y su muerte pasó casi desapercibida, sucediendo lo contrario con la muerte, el mismo día, del dictador y asesino coreano Kim jong il.
Descanse en paz este entrañable y querido amigo de los Cubanos y de todos los hombres libres.
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Rafael Cerrato Salas
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