Periódico digital del Norte de Tenerife
José Melchor Hernández Castilla. Asociación Wolfgang Köhler.
“Dedicado a todos los profesores que, a lo largo de los años, han participado en los cursos de idioma en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias”.
Los Cursos de Español para Extranjeros vienen celebrándose en el Puerto de la Cruz desde el año 1952, vinculados desde sus inicios al Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias. Con esta última edición de 2005, estos cursos cumplen medio siglo de historia; y, además de ser uno de los pioneros a nivel nacional, han logrado pervivir hasta nuestros días con el mismo espíritu que los vio nacer: el afán de conocimiento de una lengua, una cultura, un país, unas gentes y, sobre todo, el deseo de compartir una experiencia enriquecedora entre personas de muy distintas nacionalidades, a través de un nexo común como es el aprendizaje de la lengua castellana. Estos cursos sirvieron de reclamo turístico en unos años en los que este sentir comenzaba a despertarse como motor económico de la isla y se caracterizaban porque respondían a la necesidad de atender a una incipiente demanda del conocimiento del idioma. En su 50 edición del Curso de Español para Extranjeros, casi el 40% de participantes son de origen alemán, el 30% nórdicos, el 15% anglosajones, el 5% italianos, y el resto de otros países. Diferentes nacionalidades, experiencias de aprendizaje distintas, edades variadas, lenguas maternas de origen diverso, profesiones desiguales, y, en algunos casos, el primer contacto con una lengua nueva. Muchos alumnos son jubilados y visitadores de inviernos, otros ya viven con nosotros hace mucho tiempo, y, unos pocos, han llegado recientemente por motivos profesionales o personales. El objetivo principal del curso es capacitar a la persona para que pueda comunicarse en la calle habitualmente y poder hacer las gestiones del quehacer cotidiano. La lengua es el instrumento necesario para entender, respetar y convivir y, por tanto, conocer a la gente de habla española. Y, en este caso, el conocimiento de la lengua española es el mejor camino para pensar y sentir la cultura española. La principal metodología es la comunicación, sin menoscabo de otros recursos. La programación del curso posee 2 tipos de estrategias de enseñanza, una más académica, y no por ello menos dinámica; y una segunda, que engloba actividades culturales: proyección de cortometrajes y películas españolas; visitas guiadas por la ciudad; excursiones a parajes naturales; conferencias sobre las islas, personajes locales ilustres, empresas científicas o guitarra española; sin olvidarnos de los talleres de bailes regionales y de cocina canaria. Con todo esto, el turismo idiomático no está suficientemente aprovechado. Así, este curso, pionero en España, es el único que se imparte en Tenerife, que nos conste, con esta característica: personas de múltiples nacionalidades aprendiendo un mismo idioma a través de una intensa inmersión en las actividades culturales. De este hecho, deben tomar notas las autoridades oficiales, tanto en el ámbito turístico como en el de la enseñanza. Estos profesores o educadores, mayormente filólogos, deben someterse a un preparación especial para impartir estos cursos. Un problema que muchos profesores de primaria y secundaria, sin ningún tipo de preparación para estos casos, deben afrontar en su aula cada día cuando se enfrentan a niños y adolescentes de 3 ó 4 nacionalidades idiomáticas diferentes resultado del fenómeno emigratorio.
50 años enseñando nuestra lengua a los extranjeros siendo el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias su impulsor y La Universidad de La Laguna su organizador. “50 años aprendiendo español”, título de la exposición conmemorativa que esta institución ha organizado con motivo de la celebración de su cincuentenario y que está abierta al público, y que invita a un recorrido entrañable de la historia de estos cursos...
Al término del curso, generalmente, el extranjero se siente más canario, más español, y empieza a valorar desde nuestra cultura nuestro trato afable, nuestra paciencia, e, incluso, llega a entender mejor nuestras relaciones familiares.