Peronismo, fascismo, bonapartismo
Hasta 1930 la Argentina fue uno de los países ricos del mundo por sus recursos naturales, su baja densidad de población y sus índices de escolaridad comparables a los de Estados Unidos y Europa occidental. Pero la crisis económica mundial de 1929 originó cambios políticos y sociales que dieron lugar a que varios gobiernos electos se alternaran en el poder con gobiernos militares, proceso que provocó una marcada degradación de las instituciones democráticas y de los centros de enseñanza, y el deterioro de la economía acompañada de pobreza, inseguridad y aumento de la criminalidad.
Al golpe de estado de 1930 le sucedió un interregno liberal hasta 1943, año en que generales católicos de extrema derecha derrocaron al gobierno conservador de Ramón Castillo para mantener la neutralidad argentina en la Segunda Guerra Mundial y evitar que el movimiento obrero se volcara al comunismo. Sin embargo el sector denominado GOU, Grupo de Oficiales Unidos, una logia liderada por el entonces coronel Perón, fue el verdadero gestor del movimiento que se entronizó en el poder dirigido por el mismo militar ascendido a general del ejército.
Perón implantó un bonapartismo a lo Luis Napoleón y Bismarck que reconocía el papel de las masas en la sociedad y las retribuía con políticas asistencialistas tales como el apoyo a la vejez, los subsidios por enfermedad, la protección a la infancia, los retiros y las jubilaciones.
El bonapartismo europeo había surgido en la clase dirigente mientras que el fascismo se originó entre integrantes de la clase media baja, bohemios, intelectuales y artistas desdeñados por la aristocracia alemana para la que Hitler nunca dejó de ser “el cabo”. El bonapartismo es un fascismo moderado, y el fascismo un bonapartismo radicalizado. Perón fue bonapartista en algunos aspectos, y en otros, decididamente fascista porque hizo girar el golpe militar hacia la agitación de masas. Fue bonapartista al principio cuando buscaba atraer a la sociedad con el apoyo de la Unión Cívica Radical. El vicepresidente de su primer gobierno elegido por el pueblo fue Hortensio Quijano, un caudillo radical.
El grupo de intelectuales que integraba FORJA, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, fundada en 1935 dentro de la Unión Cívica Radical, criticaba a quienes gobernaron el país luego de 1930, período conocido como década infame. FORJA no participaba en la vida partidaria, y realizaba en cambio investigaciones político-sociales publicando “cuadernos” y organizando conferencias, debates y actos callejeros en los que mantenía que el golpe de 1943 constituía la primera etapa de una reconstrucción de la nacionalidad. Se disolvió antes de las primeras elecciones que ganó Perón porque éste satisfacía sus objetivos institucionales.
El General reivindicaba a Yrigoyen como su precursor, pero la oposición de la oligarquía y de la clase media lo hicieron más revolucionario y encabezó el único gobierno fascista del siglo XX en la Argentina porque basó su poder en la movilización de las masas y en los sindicatos. Onganía y Videla fueron represores. El fascismo no debe ser juzgado solo por su crueldad. Videla fue sangriento y mató a miles de personas pero no fue fascista: no le interesaban las masas ni pretendió oponerse a la elite intelectual ni crear una nueva filosofía de la vida como intentó hacer el justicialismo con sus ambigüedades sociales.
Las sucesivas dictaduras militares contaron con el apoyo de la iglesia católica y del nacionalismo tradicional, pero ni Videla ni Onganía se opusieron a la sociedad establecida ni deseaban trascender filosóficamente ni movilizar a las masas sino, más bien, desmovilizarlas.
El fascismo peronista argentino, como el italiano, congregó a la clase media media, a la pequeña burguesía y a la clase obrera. La organización sindical mussoliniana, la Carta del Lavoro que ningún gobierno posterior se atrevió a tocar, fue copiada por la CGT peronista. Mussolini es el creador del diálogo entre empresarios y sindicatos mediados por el Estado, y originó casi todas las leyes asistenciales a las que Hitler agregó el turismo social con los obreros alemanes viajando por Alemania, Italia y los países ocupados.
El peronismo se impuso en elecciones limpias, igual que Hitler cuando llegó a ser la primera minoría en Alemania. Los socialdemócratas de la izquierda alemana no resolvieron el problema de la desocupación, de modo que muchos de los obreros se pasaron a los nazis cuando Hitler asumió el gobierno, terminó con la desocupación y acrecentó el asistencialismo social.
La punta de lanza del antiperonismo fueron inicialmente la clase media alta tradicional, los profesores, los profesionales, los maestros, los intelectuales. Perón no hubiera ganado las elecciones sin la burguesía. Los peones de campo votaban por él pero su escaso número no influía en los resultados, a diferencia de los pequeños comerciantes e industriales, los chacareros y la pequeña burguesía rural a quienes conquistó Perón en 1948 cuando promulgó la ley de arrendamientos para torcer su voluntad y favorecer al pequeño productor en momentos en que la tierra estaba en pocas manos y era menos productiva. El plazo mínimo de cinco años le daba estabilidad a los arrendatarios que se volcaron al peronismo.
Fuente
Felipe Pigna,
Entrevista a Juan José Sebreli.
http://www.elhistoriador.com.ar/