Periódico digital del Norte de Tenerife
Esteban Domínguez
Algo pasa en Tigaiga me dicen
En amplio el libro de la vida y en él pueden caber muchas cosas importantes, pero no cualquier cosa se puede plasmar, pero algunas de ellas, pueden ser inmortales. Y aquí, en este barrio, de rumbo desconocido y bajo el peso de los caballos, se puede ver y sentir de todo. Menos las brujas, que al olfato de la luz de la noche, se les hace difícil su presencia.
Tiempos atrás, abundaban, corrían y saltaban según nos contaban nuestros abuelos. Ahora todo eso ha sido superado por la presencia de la electricidad.
Lo que si casi no puede ser superado es el poder de algunos/as que se han pensado que el dominio de la tierra o el mundo, solo ellos lo tienen. Se preveía el acontecer. Se notaba desde hace una década que esto podía suceder y ha sucedido. El hombre ha perdido poder a favor de la mujer. Las mujeres se quejan, unas veces con razón y otras sin ella. El hombre ha pasado a un segundo término. La mujer quiere abarcarlo todo y Roma dice que la mujer no puede decir misa y no la dice. Sólo el hombre puede perdonar consagrar y bendecir. Pero no siempre tiene todo a su favor.
En Tigaiga una vez más las cosas ruedan mal. No hay entendimiento y hasta la comisión de Fiestas ha mermado su número de devotos. Unos se van y otros quedan. Todo era previsible. Se notaba en el ambiente que ya el hombre casi no figura como miembro de la comisión de fiestas. Una vez más, se repite lo mismo. El enfado ha colmado el vaso, las cuerdas del timple se han roto, sólo quedan los ansiosos y no sabemos cual será su resistencia.
La tradición peligra y hasta Felipe H. G. se queja de cómo está la tensión. O como estuvo, porque ahora. Han partido los “trapitos”. Unos se van cansados, otros quedan sin saber cual será su destino final.
Me da pena que esto surja pero lima con lima, no lima. Tú y yo, esperamos tiempos mejores en el mar de las calmas, sin llegar a El Hierro, sin tener que lamentarnos.
Ya la unidad, el fervor y la paciencia han acabado cuando la higuera ha perdido la hoja. Será tiempo de podas, de renovaciones, pero nunca de disputas ni de enfrentamientos.
Aquel que no quería ser presidente lo fue. Ahora me dicen que lo han echado. Los motivos pueden ser muchos. Las conjuras también. El mar esta revuelto. Los pájaros han dejado de anidar cerca de sus nidos. La marejada nos aconseja alejarnos de tormentas y vientos que puedan dañar los sentimientos y las sensibilidades ajenas. Que la fiesta se haga en paz, la mejor misión del que queda y hace lo que pueda.
Sabía yo que el “horno no estaba para bollos cuando me invitaron a preparar la levadura madre”.