Periódico digital del Norte de Tenerife
Santiago Luis García
Entrevista con Juan Bosco
Voz profunda y pausada. Juan Bosco acaba de publicar ‘La Lista’, una novela con la que intenta calar hondo y grabar sobre la dura loza de silencio los nombres de verdugos y víctimas, de héroes y de amantes. Hechos históricos que se funden con la ficción para pintar una sociedad de clases, de intereses encontrados, represión y amor en La Orotava de la posguerra.
Un día radiante en el norte de Tenerife, perfecto para una charla distendida. Porque con Juan Bosco hablamos de su nuevo libro, pero también repasamos una gran parte de su vida y de sus recuerdos poniendo a la novela como excusa.
Juan, tienes en tu haber un pasado cantautor.
Cuando yo tenía cuatro años decía que quería ser cantante; eso estuvo hibernando hasta que cumplí veintiséis, y pasando por una ruptura de pareja, me di cuenta de que mi vida era una caricatura de la que en realidad yo sabía que me correspondía. De repente, en un mes me quedé en paro, sin casa y sin compañera. Fue llegar a un punto de inflexión donde se abrían dos caminos: o volvía hacia atrás o decidía poner un punto y final. Y opté por el segundo. Empecé de cero y me matriculé en Filosofía. Sabía que podía terminar el primer cuatrimestre con lo que recibía por el paro, y a la vez comenzaron a surgir cosas que hacer; empecé a cantar y a componer canciones, cogí la guitarra y pude terminar la carrera.
Entonces ya sabías tocar la guitarra.
Sí, la toco desde los dieciséis años, aunque no es mi instrumento. Mi instrumento es la voz. He estudiado canto y me gusta decir que canto con el cuerpo. Tener la guitarra en las manos es más bien un problema para mí, por eso suelo armar una banda con guitarrista, bajo y batería, y yo cantando.
¿Cómo es? ¿Bailas, actúas sobre el escenario?
No, yo gesticulo mucho para expresar. La expresión lleva pareja la emoción. Creo que la comunicación es un arte que requiere de toda la disposición corporal y para eso necesito utilizar todo el cuerpo; tengo que poder moverme, abrir los brazos y cerrarlos, sin escenificaciones. Yo necesito ‘estar suelto’.
¿Actualmente sigues cantando o dejaste la música aparcada?
Con la música me pasó algo muy curioso, como todas las cosas que me pasan a mí. Fui subiendo hasta llegar al último escalón, el más soñado para cualquier músico: grabar con una gran discográfica multinacional, con SONY-BMG. En ese trabajo colaboró Jorge Drexler. Pero justo sobrevino la crisis discográfica, lo que significó que toda esa colección de nuevos autores fuera guardada en un cajón. La poquísima promoción que recibí fue a través de un delegado de BMG que estaría encargado de mover los medios de comunicación. El hombre lo hizo con buena intención, pero con desaciertos constantes y meteduras de pata. Por ejemplo, la rueda de prensa que organizó él en Tenerife estaba programada en Puerto de la Cruz y fue estupendo porque todos los medios confirmaron la asistencia. El día señalado estábamos mi representante y yo en la puerta del ayuntamiento y no se presentó nadie: el delegado los había citado en Santa Cruz. Desde ahí se fueron encadenando una sucesión de desaciertos que me sonaron como alerta, y decidí parar. Tanto me paré que me quedé quieto con la música.
¿Y crees que la retomarás en breve?
No lo sé, mi vida está cambiando de forma tan vertiginosa... pero reconozco que terminé bastante cansado con la música porque soy -como decimos acá- un pejiguera* para preparar cada concierto. El trabajo de producción, que si los músicos, que si los instrumentos, que si el transporte... ¡Si yo sólo quería cantar! Puede que en octubre haya alguna noticia, pero no puedo asegurarlo.
Pasemos entonces a la literatura. ¿Qué escritores admiras y lees? ¿O hay alguno que admires sin leerlo?
Voy a hacer una confesión: yo soy un lector de ensayos más que de novela. De mis autores novelistas preferidos puedo nombrarte a Orhan Pamuk**, Eduardo Mendoza; Javier Sierra con ‘La dama azul’ y ‘La cena secreta’, que se convirtió en el libro más vendido de un autor español después de Cervantes. Juan Carlos Onetti y su ‘Dejemos hablar al viento’... un libro que te deja sin palabras, me maravillo. ¡Es para mí un placer tan inmenso cuando puedo leer algo así! Pronto voy a presentar el último trabajo -‘No es la noche’ se titula- de un escritor que conozco desde que era un chiquillo, Carlos Cruz. ¡Tiene unas imágenes literarias! Estoy deseando que llegue el día para tirarle flores y decirle cuánto he aprendido leyéndolo. Extraordinario.
Y ¿cuáles son los autores de ensayo que te fascinan?
¡Hombre! Por mi estudio en Filosofía, autores de ensayo tengo por montón. Helderling (¡qué maravilla, a pesar de que no se estudia en la carrera!), Wittgenstein y su Tractatus logico-philosophicus; Nietzsche por supuesto, Hegel...
Antes, durante o después de la filosofía, ¿tuviste un referente que guiara tus pasos hacia la literatura? ¿Un maestro, padre, profesor?
Tuve dos y los nombro en el libro. Un profesor de tercero de la BUP, Antonio Márquez Fernández, un sonetista como pocos he leído en mi vida. Y el otro fue el para mí autor canario por antonomasia, Rafael Arozarena, con quien tuve una gran amistad y de quien aprendí mucho. Él me dijo una vez -bien es cierto, después de un par de vasos de vino- que ‘ser poeta no es escribir poesía; es una actitud frente a la vida.’ Eso me marcó. Y de ahí surgió un texto que se titula ‘Mínima’, que fue premio Julio Tovar de Poesía ‘98.
Y así fue como caíste en la literatura.
La literatura siempre estuvo. A mí me gusta hablar de un compromiso con la palabra. A medida que pasan los años voy siendo más consciente de que soy un privilegiado porque la vida me ha dado una habilidad que tiene múltiples aplicaciones. Yo no sé tomarme todo esto sin un sentimiento de responsabilidad muy grande, de modo que ni siquiera puedo hacer una canción por el mero placer de cantar, sino a la inversa: Porque tengo algo que transmitir y lo hago, entonces disfruto. Con la literatura me pasa exactamente igual. Llegar a la novela ha sido un proceso muy largo. Empecé a escribir poesía con dieciséis años; hubo premios, importantes algunos, varias publicaciones... Luego vino la canción, el relato corto y de allí pasé a una novela corta por encargo en el marco de la ‘Alianza de las Civilizaciones’: un librito que se llamó ‘El tercer latido’ (Editorial Destino del grupo Planeta), mano a mano con la escritora Marta Vila. Hacer ese texto en sólo tres meses, tiempo récord, me sirvió para darme cuenta de que ya estaba preparado para escribir una historia familiar. Pero en ese momento no tenía todavía la historia.
¿Y cómo la encontraste?
Un fin de semana que estaba en casa de una amiga en las Cañadas del Teide -en día de romería en La Orotava- miré hacia el Monte del Carrizal, hacia Izaña, y recordé que en lo alto está el Llano de Maja y que allí, en una formación rocosa se enconde una cima volcánica, el Bucio. Se dice que durante los años de la posguerra civil cogían a la gente, les pegaban un tiro y los dejaban allí; se dice, incluso, que en ese lugar podrían hallarse también los restos del que fuera entonces alcalde de Santa Cruz, José Carlos Schwartz, desaparecido durante el levantamiento del ‘36, y de quien nunca más se supo.
¿Se han hecho excavaciones en el lugar para investigar los restos que pudieran encontrar?
Sí, se han hecho algunas prospecciones. El Llano de Maja era un campo de tiro del ejército y se sabe que fue abandonado en el año ‘76. Todavía hoy puedes encontrar restos de metralla; si tú entraras en el Bucio -aunque en la actualidad han puesto una reja para impedir el paso, sobre todo de las personas movilizadas por la Memoria Histórica- te encontrarías un descenso de unos tres metros y luego dos terrazas -la segunda más amplia- desde donde podrías observar un hueco lleno de escombros amontonados. Así lo dejó el ejército cuando se retiraron, no sé si para evitar riesgos de caídas o para evitarse el riesgo de que se encontrara algo.
Recuerdo que fue una experiencia curiosa la que viví ese día, porque ahí me vino la historia completa de este libro. Enseguida corrí a coger lápiz y papel y me hice un esquema, un guion previo, tracé los personajes...
Al principio lápiz y papel. ¿Seguiste así o pasaste luego al ordenador?
Pasé al ordenador. A pesar de la intensidad de la experiencia, esos primeros esquemas durmieron durante dos meses. Hasta que en septiembre me desperté y me dije: Ahora. Y empecé. El texto tuvo seis borradores. Para el primero estuve seis meses encerrado redactando sin parar hasta que lo terminé. Era cómo si estuviera viendo una película y la fuera escribiendo a medida que sucedía. (A veces me da miedo decir estas cosas porque ¡vaya uno a saber lo que la gente pensará! Pero es así.) Mi forma de trabajo consiste en usar mucho el lápiz para hacer guiones y plantear los contenidos de cada capítulo: sé cómo empieza y cómo termina cada uno de ellos, y su título. Nada más. El contenido de cada capítulo lo desarrollo después, y voy organizando un esquema con tandas de diez capítulos. ¡Fue tan intenso, tan intenso! Escribiendo tuve todo tipo de emociones: he llorado, he reído... Marcó un antes y un después en el manejo de la palabra, en la concepción de las cosas, de las personas... de todo.
La historia está ambientada en La Orotava y tiene parte de realidad, pero también, parte de fantasía.
Yo utilizo como punto de partida el atentado fallido a Franco en La Orotava el 18 de junio de 1936 y el fusilamiento del político y dirigente sindical Lucio Illada Quintero. Estos hechos históricos y documentados me sirven como parte de una estrategia: la manera en que una historia local puede enganchar a todo el público y retener al lector. Bien. Digamos que es una ficción inserta en la historia real. Las descripciones de los lugares y de la mayoría de los personajes son reales; muchas de las pequeñas historias dentro de la gran narración también son verídicas. La trama general no es real en lo referente a la existencia de una lista de ochenta y seis nombres. Pero la ambientación, la descripción de la idiosincrasia de la sociedad de La Orotava y de la isla, el papel nefasto de algunas instituciones y de la iglesia, todo eso es cierto. Los datos de las prisiones del Fyffes y del Power donde recluían a los presos; lo que ocurría con ellos, almacenados en las barcazas fondeadas en el Puerto de Santa Cruz, cómo terminaban su vida, cómo los hacían desaparecer. Hay datos reales de fusilamientos concretos, con fecha. Hay muchos personajes reales; y muchos personajes reales que tienen el nombre cambiado. Muchísimos.
¿Y eso por qué? ¿En un intento por preservarles la intimidad?
Más que por preservarles la intimidad fue por no buscarme problemas. Recibí, digamos, un par de recomendaciones. De hecho hasta tres días antes de que el libro saliera para la imprenta tuve que revisar el texto completo para cambiar tres nombres más.
¿Y qué sentiste frente a este acto de -llamémosle- censura?
Sí, sí: Censura. Desde el principio, no quise recurrir a ningún ayuntamiento para que me fuera financiada esta historia. Pensé ‘ya que estamos, tengamos aspiraciones más que ambiciones’, porque este librito es fruto de mucho trabajo y de un proceso intenso de investigación, y no iba a resignarme a que la historia quedara relegada en ningún cajón. Y en eso que pensaba qué hacer, encontré una web especializada en literatura y busqué un agente literario al azar. Uno de Madrid, que me indicó que ya tenían demasiados manuscritos; y uno de Barcelona, que me dijo que estaban interesados, pero que debía estar dispuesto a ajustarme a su protocolo. Pasé varios filtros a lo largo de un año y medio, entre sinopsis va, capítulo viene, un par de páginas, el prólogo. Al cabo de ese tiempo me dijeron que querían representarme y firmamos un contrato. A partir de ahí, ellos empezaron a buscar editorial. Mi libro fue pedido por varias, entre ellas Planeta, Salamandra, Viceversa, Suma de letras y Principal de los Libros, que finalmente lo publicó.
O sea que interés, hubo.
Sí. Pero el dato que te iba a dar es que un día mi representante recibió un correo de una responsable editorial donde escribía que a ella le hubiera encantado publicar mi libro, pero que la dirección del grupo lo había vetado por su contenido filosófico-teológico (se conoce que esa editorial tenía una fuerte raíz católica que ha quedado representada simbólicamente en su consejo administrativo).
España tiene tradiciones ideológicas que suelen perturbar seriamente también al mundo de la creación intelectual.
Cierto. Así que esa fue mi primera censura. Pero, bueno... Mejor fue así. Principal de los Libros es una editorial fundada por dos editoras que vienen de grandes editoriales (Paidós y Planeta), un poco cansadas de que les marcaran la línea editorial, y que decidieron montarse por su cuenta. Ellas se publicitan como ‘la editorial de los nuevos best-sellers españoles’ y no les va nada mal. Te garantizan una buena edición y una buenísima distribución en todo el mundo de habla hispana. Y es cierto: el libro se encuentra en cualquier librería española y en las plataformas digitales. Tengo un amigo en Roma que compró mi libro a través de Amazon. Eso me parece fantástico.
Ahora que ‘La Lista’ está lanzada al universo, ¿te sorprende la repercusión que ha tenido?
¿Esperabas más o se han superado tus expectativas?
La reacción es mucho más de lo que me esperaba. Es un impacto emocional en dos sentidos; por un lado, la experiencia del perdón. Y por el otro, es descubrir que el libro es como una especie de ‘tapón extraído’. De repente la gente está empezando a hablar de las cosas que ha vivido y que no supo contar en aquel momento. A mí me siguen llegando testimonios de personas que superan con creces los momentos más bárbaros de la novela. Eso me deja helado. Es cierto lo de que la realidad supera la ficción. Me quedé corto. Es que no es que los malos fueran malísimos, sino que es que fueron aún peor. No quiero entrar en un debate maniqueo, pero hubo verdaderas muestras de heroísmo humano. Y esto que les voy a contar es maravilloso: Mi abuelo, que tenía una ventita que atendía mi abuela, llevaba y traía mercancías del muelle de Santa Cruz en su taxi. Pues el otro día descubrí que se había fabricado un falso fondo en su coche para ayudar a salvar a gente que estaba perseguida. ¿Sabes lo que significa para mí saber esto ahora, enterarme después de haber escrito el libro?
¿Y cómo lo supiste?
Por la abuela de la compañera de uno de mis hermanos... ¡después de diez años! En La Orotava hay una loza de silencio inmensa. Creo que ‘La Lista’ es un libro que está sirviendo para que la gente se dé cuenta de que no pasa nada por hablar. Y a mí personalmente me abrió las puertas para conocer otro mundo muy valioso y relacionarme de otro modo con la historia de mi ciudad. Hay gente que nunca antes me había saludado y que hoy se me acerca y me cuenta que ha leído el libro... Piensa que sólo en la provincia de Tenerife desaparecieron más de 1200 personas. Y que aquí no hubo frente de batalla. Eso se llama genocidio.
¿Qué tipo de gente desaparecía?
Gente humilde, analfabeta y sin formación ni recursos. Canarias era una sociedad de clases en el más radical sentido de la expresión. Había gente o muy pobre o gente muy rica. ¿Qué pasó?... Que cuando en el ‘36 se declara la República -con la reforma agraria que permite a los trabajadores ganar derechos- y se le quitan los privilegios a los nobles, estos no tardan en reaccionar. En La Orotava había más de nueve títulos nobiliarios y los hacendados se negaron rotundamente a aceptar lo que dictaba el gobierno. La Isla Baja, por otro lado, era un semillero de anarquistas que ponían en riesgo el futuro de los ricos. Fue el ‘amito’ enfadado que va a zurrarle al ‘esclavito’ que desobedecía: así de sencillo. Barbaridades. Si en Santa Cruz había dos o tres almacenes de fruta que la compañía inglesa Fyffes Limited cedió a los militares sublevados, al igual que dos barcos cargueros en el muelle donde hacinaron a más de cuatrocientas personas...
... Lo que nos llamó poderosamente la atención. La connivencia de potencias extranjeras democráticas como Inglaterra y Francia que avalaran a los militares golpistas.
Y Estados Unidos. Esa fue la tragedia. No podían desconocer que Hitler mandaba aviones alemanes para ayudar a Franco. Se lucieron. En fin, yo estoy todo el tiempo tratando de dar una de cal y otra de arena, porque no quiero que se generen acusaciones ni animadversiones de ningún tipo. En la novela muestro a terribles personajes canarios a los que les hago como un exorcismo, para entender qué es lo que transforma a una persona en un ser atroz y despiadado.
El sometedor siempre ha sido sometido...
Es así. En el libro hay momentos en los que uno de los personajes más atroces vuelve al pasado. Y allí encuentras a ese niño golpeado, al que su padre borracho aterrorizaba marcándolo con el cigarro... Trato de salvar a todos ellos como en un canto al perdón.
¿Pero tú crees de verdad que se puede perdonar a quien no reconoce o que no es consciente del daño que ha provocado? ¿A quién no pida perdón?
Para mí la enseñanza más clara es la de Jesús en perdonar setenta veces siete. Yo investigo por mi propio camino la filosofía de la mente y llevo más de diez años observando el pensamiento, las emociones, no como psicólogo pero sí como persona con fuertes experiencias propias. Así hasta llegar a un punto en el que te permites entender por qué te pasó lo que te pasó, quién eres y quién fuiste. Y descubres que es muy difícil ser malvado. Una persona que es consciente de que va a hacer el mal, no lo hace.
¿Es tu libro una parte de la Memoria Histórica?
Es cierto que la historia está ambientada con todos los elementos que sustentan a la Memoria Histórica, pero yo no quiero que se politice. No es otra novela sobre la guerra civil ni sobre la posguerra, sino un relato de transformación personal a través del perdón. Hay un crítico literario que está leyendo mi libro, que me adelantó que considera que el argumento es demoledor. Y se refería a eso: al perdón. Es curioso, pero yo no era consciente de lo que había escrito. El otro día un amigo me dijo que ‘el perdón está cosido a la piel de quien lo ejerce -haciendo referencia a la frase de la primera y de la última página- y me cambió la vida’.
¿La frase es originalmente tuya?
Sí, surgió. Y ahí pensé en la enorme responsabilidad que eso conlleva. Esa es para mí la ‘piedra de toque’ de la novela. La capacidad del perdón que desarrolla un individuo sometido a toda clase de presiones y sufrimientos que lo conducen a una lucha interna terrible; y él logra trascender sobre eso precisamente porque descubre que el perdón se convierte en la manifestación más rotunda de amor y de entrega total hacia lo humano como especie, como género. Es fantástico cuando descubres que ese impacto emocional es lo que también perciben los lectores.
La promoción es lo que suele llevar más tiempo, ¿no?
Y es también lo más complejo. Elegir el mercado, hacer lecturas... Voy recibiendo muchos apoyos de otros escritores, de críticos, de amigos que me echan una mano. Es como que se va encadenando: tengo un amigo al que se le ocurrió pedirle a Javi Sierra si me presentaba el libro, y él dijo que sí.
El entusiasmo es contagioso.
El que era mi representante en la música, Antonio Peña, actual representante de Luis Eduardo Aute, me dijo: ‘oye, si quieres le pido a Aute que te haga la presentación del libro en Barcelona a fin de año’.
Y el libro empezará a tener vida propia.
Sí, claro. Yo voy con la confianza del efecto que despierta el libro. Estoy justo a la espera de que salgan dos críticas en sendos blogs especializados. El bloguero Luis Vega ya se ha adelantado y por correo me ha dicho: ¡Me encantó!
¿Has pensado en traducir el libro al alemán, por ejemplo? Es uno de los públicos más interesados en recibir informaciones históricas y referencias culturales sobre Tenerife.
Esas cosas no dependen de mí. Mi agente se ocupa también de recorrer las ferias internacionales y si una editorial de allá se interesara por el libro, debería contactar con él y comprar los derechos. Yo estoy ya en el circuito natural de la edición literaria y mi trabajo es solamente escribir.
Hasta hace muy poco los ayuntamientos publicaban cuanto manuscrito les llegaba, casi sin criterio y con la única condición de que se tratara de un autor local. Así se imprimieron textos de dudoso valor, con sintaxis lamentable y temática poco interesante. La crisis ha servido, en parte, para revertir esta realidad de modo radical.
Sí, se venían publicando cerca de setenta mil títulos al año... Una barbaridad. No quisiera que se me malinterprete, porque yo respeto a todo el mundo, sobre todo a quienes hacen cosas. Pero estoy seguro de que hubo un alto riesgo de que escritores con trabajos literarios serios se quedaran afuera y no recibieran ninguna ayuda para publicar. Es que el éxito muchas veces en Canarias le sonríe a quienes hacen más ruido, y no siempre a los que más se lo merecen, que suelen ir más calladitos.
¿Cómo ves entonces la situación de los escritores canarios?
A ver. Mi naturaleza no es gregaria. A veces me preguntan ¿tú eres escritor? ¿Y qué sé yo? No necesito definirme de ninguna manera. No me gusta. Soy una persona a la que le gusta escribir; no creo que sea una virtud hacer bien lo que se sabe hacer. Sé escribir y punto.
¿Estuviste en la Feria del Libro?
Me llamaron de la librería La Isla para el Día del Libro que se celebró en Santa Cruz. Allí, en la entrada, me encontré con una mesa de libros canarios agrupados en un colectivo nuevo. Yo era como ‘el raro’ que había logrado publicar sin tener un padrino, y encima con una editorial de Barcelona. Pensar que para favorecer a los autores de aquí es necesario poner una mesa aparte, ya me parece un despropósito. Creo que esto de la discriminación positiva es un absurdo. La gente que gusta de la literatura huele y sabe, y pasa de largo de una mesa donde se exponga ‘lo canario’. Lo vi ahí y esta actitud me dio mucho que pensar. Yo me quedé adentro, hablé con la gente y presenté mi libro y vendí catorce ejemplares. El valor está en lo que escribes, no en de dónde eres. Y que conste que no reniego de ser canario, de ninguna manera; sólo que no quiero que se me meta en esa bolsa.
La gente se ha hecho adicta a Facebook y algunas otras redes sociales. ¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en tu vida y en la promoción del libro, que también goza del formato electrónico?
Gracias a Facebook la promoción es mucho más fácil; es una herramienta fabulosa para contactar con la gente. Poner ‘La Lista +Juan Bosco’ en google es algo tan alucinante, por los resultados que te devuelve... Además está el escaparate planetario de Amazon, los blogs mundiales de gente que hace crítica literaria. Y las noticias, las entrevistas en radio, como la de esta semana en la Cadena Ser. Sirve mucho.
¿Has tenido que vencer algún obstáculo que te impida escribir? ¿Tienes algún ritual?
Yo necesito tener el mar de fondo, porque mientras escribo suelo levantar la vista constantemente. Y si no es el mar, por lo menos me hace falta perder la mirada en un horizonte lejano. Últimamente me está siendo complicado escribir, porque tengo la cabeza llena de temas que requieren mi atención; pero por otro lado me pilla internamente en un buen momento de mi vida, con nuevas ideas y muchas ganas y proyectos.
Para finalizar, ¿hay un próximo proyecto literario en camino?
Sí, una novela contemporánea sobre el pensamiento, el inconsciente, el diagnóstico por imágenes. Pronto verá la luz, espero.
Silvina Ruiz Lingenfelder
EN POCAS PALABRAS
¿Alguna vez usaste seudónimo? No.
Color preferido: el azul.
¿Tu fecha de nacimiento? El 14 de marzo del ‘73.
¿Te gusta comer? Fruta.
Lo primero que hiciste esta mañana: dar forma a un proyecto que quiero poner en marcha en breve. Tiene que ver con aprender a hablar en público, descubrir la potencia interior que uno tiene y ponerla a funcionar. Después, me preparé un café.
¿Una película? ‘La misión’.
¿Un libro? ‘La vida nueva’ de Orhan Pamuk o el Evangelio.
Tu sitio ideal: el Faro de Orchilla, en El Hierro.
¿Una especia para sazonar? Mmmm, la pimienta.
¿Qué situaciones te hacen reaccionar? La injusticia, la mentira.
¿Una noche perfecta? Cualquiera.
Escribes con ¿ordenador, boli o lápiz? Ordenador.
Dos palabras que se lleven bien: Amor y amistad.
¿Día o noche? Ambas.
¿Frío o calor? Ambos.
¿Dulce o salado? Ambos.
¿Hombre o mujer? Risas...
*En canario, muy detallista, meticuloso.
**Ferit Orhan Pamuk (Estambul, 7 de junio de 1952) es un escritor turco, premio Nobel de Literatura 2006.