Lorenzo de Ara Rodríguez
Puerto de la Cruz no es la ciudad más bonita del mundo. Puerto de la Cruz no es la ciudad más encantadora del mundo. Puerto de la Cruz no es la ciudad más limpia del mundo. No es tampoco la ciudad turística con mejor salud. No compite con otras ciudades. Puerto de la Cruz tiene muchos defectos y desperfectos. Pero la ciudad de la que hablo (de la que escribo) es mi ciudad. Y esa ciudad no la cambio por otra. Es la ciudad que quiero para vivir, para pasear, para tomar un café con un amigo, para disfrutar de amaneceres y atardeceres, para escuchar el grito desesperado de la mar y el diálogo de tantos turístas procedentes de muchos países. La quiero con esas imperfecciones que otros no quieren ver y por esa razón dañan su futuro.
Mi ciudad no puede compararse a la belleza de otras ciudades de Francia, Italia, Grecia, Portugal, Alemania, Chequia, Croacia. La Península , nuestra España, atesora sin lugar a dudas otros municipios, pueblos y ciudades con más encanto. Pero es nuestra ciudad la que queremos preservar. Es ella, y no otra, donde anhelamos triunfar, reír, amar.
Puerto de la Cruz goza de un clima privilegiado. Tiene rincones que deslumbran. Nosotros, sus vecinos, aún permaneciendo en sus calles muchos años, seguimos admirando esos monumentos, plazas y callejuelas.
No cambiamos nuestro Puerto de la cruz por otra ciudad más histórica, más cosmopolita, más turística, más competitiva o con más calidad de vida. No la cambiamos porque nos sentimos identificados con ella.
Por esa razón no escucho a los iluminados que proclaman que esta ciudad no tiene un problema grave. Paso de prestar atención a los falsos mesías que se empeñan en engañar diciendo que, como la nuestra, no hay otra ciudad en Tenerife, en Canarias, en España, en el mundo mundial.
Puerto de la Cruz es la ciudad donde nací. La ciudad donde tengo amigos, recuerdos, donde se amontonan las tristezas y las alegrías. Yo no necesito mentir ni necesito vender una imagen falsa de mi pueblo.