Periódico digital del Norte de Tenerife
Evaristo Fuentes Melián
En las erupciones volcánicas canarias hay un hecho común que se repite todas las veces: mientras hay gente que huye, otra gente más novelera se acerca a la erupción.
Contaban nuestros ancestros que cuando el volcán del Chinyero, cerca del Teide, en 1909, hubo gente de las cercanías que huyo por caminos (no había carreteras) a la costa y allí montó en barca alejándose de la zona; mientras que los científicos y algunos noveleros se acercaban a verlo, y se sacaron fotos muy rudimentarias.
En 1949, cuando el volcán de San Juan en la isla de La Palma, los chicos, hoy mayores, residentes en la zona Norte de Tenerife, recordarán que desde nuestras azoteas se podía observar perfectamente el fuego volcánico en la montaña palmera.
En el Teneguía, 1971, también en la isla ‘Corazón Ardiente’ (¡!), los geólogos (el recordado Telesforo Bravo y su equipo, por ejemplo) se acercaron tanto al Teneguía, término de Fuencaliente (¡nombre muy apropiado para tal suceso!), que sus equipajes y cuerpos se llenaron de cenizas. Algunas señoras con hijos de corta edad también se desplazaron en barco de noveleras.
Y ahora pasa algo similar en La Restinga herreña, con el añadido, desagradable e improcedente, quizá ‘cachanchanesco’, de politizarlo todo por unos y otros grupos políticos (el túnel, ¿se abre o no se abre? La Restinga, ¿se desaloja o no?...) y con la guinda sicodélica del modo de actuar de algunos científicos, que se erigen en ‘protas de la peli’ desde los primeros instantes por encima de todo…. ¡País!