Periódico digital del Norte de Tenerife
Celestino González Herreros
Insisto, categóricamente, al decir que la ciudad de Puerto de la Cruz se está convirtiendo en un exótico jardín. En un lugar tan atractivo que enamora, que aflora… No es fanatismo de mi parte, es admiración lo que ya siento por ella, fascinación; y lo más extraño es que, a pasar de las circunstancias críticas de nuestra economía y de los valores morales que sufrimos, físicamente se sostiene siempre bella. ¿Por qué no decirlo? ¿A quién le molesta tanto verdor e inteligente ornamentación? Ya digo, a pesar de los muchos pesares.
¿Se han dado cuenta, como en silencio, toda ella, nuestra cosmopolita ciudad ha ido cobrando esplendor, gentilicio diría mejor? La botánica ha marcado la principal pauta. De forma entusiasta las calles lucen alegres, lozanas y modernas. Se han plantado miles de palmeras de diferentes especies, árboles y atractivos arbustos junto a plantas ornamentales y casi no nos hemos enterados hasta verles resurgir deliciosamente hermosas, ocupando aquellos puntos tristes, producto de la desidia y poca imaginación…
Un día no muy lejano, nuestra ciudad será mencionada como la más moderna y desde el punto de vista ecológico, más vistosa y alegre. Progresivamente ha ido creciendo y con vigor, desde abajo, desde la tierra misma. Mostrando un perfil alentador para propios y extraños, digno de cuidar y buena dosis de consideración.
En la mañana de hoy, paseando por las calles de mi ciudad, he sentido la embriaguez de la emoción que transmiten sus transformaciones más recientes, y digo más, admiré el respeto de los transeúntes, de no querer perturbar el crecimiento de los jóvenes arbustos y plantas, que, en otras ocasiones hubieran sido dañadas. Parece que también a los asiduos y nuevos visitantes; y algunos desalmados de los nuestros, ya sintieran el respeto debido por su conservación. A fin de cuenta, el deleite es general y la satisfacción colectiva.
El Puerto de la Cruz está dando un giro considerable –pésele a quienes le pese- amor no quita conocimiento. La ciudad es de todos aquellos que quieran respetarla. Y lo que se cuida y atiende debidamente perdurará más que nuestra propia vida, legado que dejaremos a futuras generaciones. Ello se traduce, consecuentemente, en la más clara y expresiva "tarjeta de identidad” fuera de nuestras fronteras también.
Seamos, pues, optimistas y abramos la amplia ventana que deja ver a nuestro alrededor con los ojos del alma. Si no fuera cierto y de la forma enfática como lo hago o la vehemencia que pongo en ello, castíguenme como quieran; y que conste, no me inspira ningún color político, sólo quiero estar siempre entre todos ustedes, bien recibido y comprendido. Las peleas callejeras y sus respectivas dentelladas es cosa de perros ariscos. Al Cesar lo que es del Cesar. Y como he dicho antes, mi alegre ciudad enamora y suele transportarnos, a veces, a los más sublimes niveles recreándonos en ella. Sólo necesitamos, de momento, que los grifos de los Bancos dejen correr su líquido precioso, que abran las respectivas ventanillas de atención al público y den garantías serias a los ávidos inversionistas que quieren crear trabajo, pero se les niegan los créditos… Que las condiciones sean favorables y no se burlen de las buenas intenciones. Sacar ese dinero mugriento que yace en los lúgubres sótanos del poderoso para el poderoso, como ha sido hasta hoy en nuestra sufrida Nación. Sin calcular consecuencias, ni prever el fracaso final de los estériles acontecimientos nacionales.