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Periódico digital del Norte de Tenerife

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HELENA DE TROYA

Jonás González, Concejal Ayto. Puerto de la Cruz.

HELENA DE TROYA, LA MASCULINIDAD Y LA POLÍTICA

JONAS.jpgHace unas semanas estuve viendo Juicio a una zorra, interpretada magistralmente por Carmen Machi. La obra trata de reflejar la vida de Helena de Troya pero, por una vez, la historia está contada por ella misma y no por los que siempre la escriben, los vencedores. El mito le atribuye a Helena todo el dolor de una guerra atroz entre Troya y Esparta, pero obvia que lo único que hizo fue “amar a un hombre por encima de todo” y que, por querer cumplir esta decisión, la única que tomó en su vida, ha sido vilipendiada y tachada de infiel, creadora de problemas y hacedora de tristezas. De la misma manera, a lo largo de la historia el patriarcado ha utilizado todas sus armas para tratar de hacer ver que una mujer no tiene por qué decidir su futuro, su maternidad y su estilo de vida.

 

Pero también el patriarcado, el machismo y la masculinidad afecta a muchos hombres que no nos sentimos cómodos en el rol hegemónico masculino y que abogamos por otro tipo de masculinidad, más sensible y más igualitaria. Aunque hemos avanzado, todavía no nos alejamos lo suficiente de las características dadas en 1976 por los psicólogos Robert Brannon y Deborah David para definir la masculinidad: un hombre no puede ser pasivo, ni vulnerable, ni emocional; ha de ser importante, poderoso, superior a los demás, exitoso, respetado y ganar mucho dinero; debe ser duro, impasible, autosuficiente, agresivo, capaz de esconder sus emociones y de enfrentarse a situaciones de riesgo utilizando la violencia.

 

Aplicado a la política, está claro que a los representantes públicos se nos exige la mayoría de los atributos reseñados. El sistema patriarcal y el modelo de masculinidad, que se transmite principalmente a través de la educación y la cultura, tiene unas bases muy sólidas y está extendido por toda la sociedad. En política, el modelo imperante te obliga a que seas duro y agresivo con tus rivales, a que los debates se tengan que ganar o perder –jamás se te ocurra exponer con empatía o asertividad–, a que no te puedas equivocar o asumir una equivocación, a que no puedas decir “no lo sé” aunque no lo sepas y a que no busques la confluencia sino la confrontación. Desgraciadamente, esta actitud también se impone en muchas mujeres dedicadas a la política.

 

La eternización de los debates, no para solucionar las cosas sino para ver quién los gana o dejar en evidencia a la otra parte, la presencia de los medios de comunicación que trasladarán a la sociedad el “alto valor” de “darle caña” a tus “rivales” políticos  y la necesidad de sentirte importante y transmitir valor hacen de nuestro salón noble un lugar muy masculinizado dónde es difícil que se den comportamientos como la compasión, la bondad o la nobleza, que nos ayudarían seguro a conseguir mejores resultados para el municipio.

 

Los hombres tenemos que ir deshaciéndonos de las losas que arrastramos desde hace siglos e ir propiciando un modelo de masculinidad alternativo, adquiriendo actitudes ligadas a la feminidad. Italo Calvino decía que existe un infierno en el mundo de los vivos y  que hay dos maneras de no sufrirlo: “La primera es aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo ya. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio”. Para ir consolidando el modelo de masculinidad alternativo en la sociedad y en la política, habrá que tratar de saber quién y qué, en medio del patriarcado, no es patriarcado, y hacerlo durar y darle espacio. Exige también atención y aprendizaje continuo. ¿Se animan?

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